La cantera
Domingo, Abril 10th, 2011Lo que más me gusta de las procesiones es la percusión, el pom, porropom, pom, porropom. Me entra por las tripas y puede resultar casi emocionante. Hoy, al pasar por la calle Mayor en la caminata habitual del Domingo, a lo lejos se oía ese estruendo controlado. No es un día habitual de procesiones, falta más de una semana para la Semana Santa, pero guiada por mi natural instinto para el evento y la celebración, pues eso, he seguido el tamborileo y allí estaban, ellos, un batallón de infantes vestidos con faldones, túnicas y capas, llevando estoicamente los pasos (eso sí, de su tamaño), algunos con cara de sufrimiento, otros con cara de circunstancias no entendiendo muy bien por qué les ha tocado esa cruz. Niños jugando a ser mayores.
Algunos chicos mayores intentan mantener el orden de las filas, inútil intento de poner puertas al campo porque los críos que no llevan trono tienen barrigas carameleras de las brotan golosinas, chupachups y piruletas. El público, en el que también hay mucho crío, parece un enjambre de abejas buscando algo dulce que llevar a la boca. Algunos críos llevan una bolsa de supermercado medio llena, casi no pueden con ellas.
Veo pasar a Antoñito, un niño mayor de mi cole, me mira, me sonríe y me da un puñado de caramelos. Ya en casa me he comido una piruleta.






