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El club de los tísicos

Domingo, Febrero 17th, 2008

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El silencio es algo incompatible con un concierto por razones obvias. La música es sonido.
Los conciertos tienen sus normas, los músicos deben ofrecer el sonido y el público el silencio. Una norma básica que se suele respetar. Los miembros de la Asociación Promúsica de Murcia cumplen muy bien. Muy controlados, ellos,  y nosotros, callamos durante las actuaciones y en cada intervalo, aunque no se aplaude porque no toca y si lo hicieras romperías el ambiente  maravilla musical, se tose rabiosamente, se descargan las tosecillas y picores de garganta acumulados para después construir un silencio puro.

Miguel Ángel Pérez Espejo, con su aspecto de empollón menudito, es un violinista desapasionado pero muy exacto, maravilloso. El 15 de febrero actuó para Promúsica compensando su intervención del curso pasado por enfermedad. Y otra vez se jodió el invento.
Di la nota, lo reconozco, me picaba la garganta desde la mañana, llevaba una bolsa de caramelos y la tradicional botella de agua que no sirvieron para nada: tos, tos, tos, a intervalos regulares, cada cinco minutos, tierra trágame, embozada en mi pañuelico colorado para atenuar mi ruido. En el intermedio salí huyendo y nos fuimos. Una es así, respetuosa.
 

La actitud del público como constructores de silencio varía mucho:
 

Promúsica: Un público pulcro y exacto, el club de los tísicos se controla  y llama la atención su regularidad en la alternancia, música, coro de toses.
 

Abono sinfónico: Un grupo mucho más numeroso y relativamente disciplinado,  oirás toses cuando las orquestas se lanzan a los tuttis, con la escandalera de la percusión y el viento metal no oyes ni tus propios pensamientos. Solos, pianos y pianísimos son rotos por algún incontrolado que no puede resistir el prurito de la garganta y se lanza con toses provocativas contra la sección de talibanes melómanos. Nunca han llegado a las manos, pero falta poco.
 

Semana Grande: Público despendolado, puede pasar cualquier cosa, desde la  señora menopaúsica, taca, taca, con el abanico, hasta un sujeto que habla de fútbol con su compañero porque se aburre y unos cuantos pelacaramelos a los que les han dicho que está muy feo toser y echar gargajos en las calvas de delante, pero nadie les ha informado del natural escandaloso del papel celofán. Creo que es la consecuencia del regalo de entradas que hace Cajamurcia, lo que cuesta poco, poco se aprecia.
 

Posiblemente intentaré escuchar con más calma y en mejores condiciones (mías)  a Pérez Espejo.
Para compensar la pérdida cenamos en “Los Pequeños” las tradicionales berenjenas rebozadas. Algo es algo.

La Bartoli

Jueves, Febrero 7th, 2008

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El auditorio de Tenerife es un barco, un pez gigante  varado en una playa de Santa Cruz. Ofrece perspectivas varias, Mirandiki dice que es un clítoris gigante, pero yo, que ando escasa de hormonas, veo cosa marítima en su espuma blanca de azulejos troceados y me parece más bien, visto de perfil,  un barco a punto de ser anegado por una ola gigante y desde otra la gran boca abierta de un tiburón ballena. ¿Habré fumado algo distinto al fortuna?

Allí, en nuestra inconsciencia musical, nos plantamos mi S y yo el pasado sábado 3 de febrero, con nuestras entradicas compradas por internet para escuchar al Cecilia Bartoli. Hubiese preferido el programa de “Opera Prohibita” porque la neura barroca no se me pasará nunca, pero había lo que había, es decir, María Malibrán.
 

La Bartoli es graciosa, guapa, simpática y canta de muerte. Gorjea, ríe, llora, tiembla, expresa, te encanta. Y todo esto lo sé porque lo he vivido y también porque cuando realmente disfruté de ella fue cuando la orquesta se apagaba y la dejaba a su aire, que es mucho, fresco, cálido y armonioso, todo en uno, como en un buen perfume. No tiene la capacidad de enorme volumen de las grabaciones, eso posiblemente es cosa de la argucia técnica, no es capaz de imponerse sola a todos los músicos de la orquestapero a solas, o en su diálogo con el arpa o el violonchelo te pone los pelos de punta y das gracias porque en el mundo existen personas y voces así, fantásticas.

 

Allegro animado (más atrasos musicales)

Jueves, Enero 17th, 2008

“Batuta Virginia” me invitó, como socia de la asociación aunque no recuerdo haber pagado la cuota de este año, al “Allegro animado”, un espectáculo  para niños y mayores la mar de (valga la redundancia) animado.
La orquesta de jóvenes de la Región de Murcia  no es una orquesta maravillosa, no saltó ningún espontáneo esta vez, pero nos divertimos. Imagino que las buenas sensaciones que tenemos nosotros cuando Virginia Martínez nos dirige ocupa a los músicos juveniles de la OJRM. Se sienten bien, luego disfrutan con lo que hacen, luego consiguen un sonido decentemente respetable. Yo les tengo muy en cuenta la edad, la inexperiencia y la mucha gana que ponen en su ejecución.
 La selección musical, una granja, zoológico o fauna musical inventada por Saint Saëns, Gofré y otros era la guía de dos caballos (padre e hija) viajeros con acento mexicano (con X, Elenita).
El texto que los guía por todo el mundo es de José  Fernando de Arce, un escritor ingenioso que conecta muy bien con los niños  a la par que maestro de escuela (santa paciencia) y vecino de Molinica. ¡Hagamos patria chica!
El sencillo atrezzo de dibujos era elemental, casi escolar. En la escuela, ya se sabe, un decorado es un cacho de cartón embadurnado con témperas y ceras. Preciosa la idea de los peces globo nadando en la pecera de Saint Saens. Nada sorprendente ver a mi directora favorita transformada en gallinica y  poniendo orden entre los polluelos de la orquesta.
Sufrí con el narrador, Jesús Sancho, profesional de la radio que,  además de parecer al borde de la afonía (mal que ataca a locutores, maestros y cantantes de medio pelo), tuvo que aguantar el pésimo funcionamiento del micrófono que debería haberle ayudado en su papel.
Virginia Martínez, tan bonica como siempre. Me encanta esta zagala.
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Atrasos musicales

Jueves, Enero 17th, 2008

Tengo en el tintero unas cuantas cosas. Música escuchada en diciembre. Los finales de trimestre tienen la facultad de comerse mi tiempo para escribir.
El concierto de la sinfónica de San Petersburgo, meses después, deja el recuerdo del  espontáneo vociferante que dice:

 ”Así se toca”.

 No nos miramos, no hizo falta, rompió el silencio que tanta eficacia había conseguido entre el público y rompimos a

 aplaudir.
Yo habría puntualizado también a gritos:  :
“Muy bien dicho”,

 porque es verdad, así se debería tocar, .pero aún no he conseguido dejar de lado mi timidez natural.
 Con la de San Petersburgo tuve la sensación de escuchar perfectos bloques instrumentales en contraste y armonía, caminando juntos y en oposición. Difícil de explicar pero muy emocionante.  Y un volumen anormal, potente, como el del coche de un maquinero. ¿Están todos un poco sordos?

Un “Mesías” de Haendel, el 17 de diciembre,   interpretado por la orquesta filarmónica  de cámara  y coro de Cámara de Pardubice. Me gustó a pesar de que tengo la idea de un  “Mesías”  interpretado por una gran orquesta y coro enormes. Los 16 del coro se portaron como jabatos, es decir se defendieron,  y volví a disfrutar de la sensación de cuerdas nítidas, de entradas evidentes en cada caso, por la intensidad y el color de las voces

. Curioso ¿y poco adecuado? el ir y venir  de los solistas que no aparecieron con la masa del coro y la orquesta, aparecían y desaparecía cada vez que debían cantar. ¿No soportan estar juntos?. Lucidísimo el papel del tenor, dueño de una voz cálida. El punto opuesto al tenor furibundo que tanto me repatea.
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Aquí la familia del abono sinfónico.

Englihs Chamber Orchestra

Jueves, Octubre 18th, 2007

sara chang.jpgCansancios aparte, el inicio de este curso resulta especialmente duro, nos animamos al primer concierto del abono sinfónico.
http://www.auditoriomurcia.org/index.php?/auditorio/programaci_n_actual/programaci_n_2007_2008/ciclo_abono_07_08/english_chamber_orchestra

Hace unos días volví a escuchar los conciertos de Brandenburgo gracias a la mula.
Por casualidad llegó a mis manos una grabación de estos conciertos hace unos treinta años (no recuerdo si buena o mala) pero, en mis manías monotemáticas musicales, lo escuché durante dos años a diario, desde el 6ª de bachiller hasta el primer año de universidad. Entonces se murió el tocadiscos y no hubo forma de comprar otro, en esa época yo era aún más  pobre. Al mismo tiempo  tuve una profesora de lengua y literatura significativamente buena, Dña Pepa Díez de Revenga.

La encontré en la esquina del ascensor del auditorio. Ha cambiado poco. Le dije que la recordaba.
La casualidad quiso combinar su presencia con uno de los conciertos de Brandenburgo:  el número 3. Me gustó saludarla,  sus clases eran especialmente buenas. Yo ya era una lectora habitual,  pero ella puso cimientos y ganas para seguir leyendo.
Navegando,  encuentro una referencia sobre ella, ha escrito con otros un libro sobre la tradición de regalar caramelos en las procesiones murcianas, editado por el museo de la ciudad. Intentaré leerlo.
http://www.murcia-museociudad.org/publicaciones.html

Bach sigue siendo una obsesión. Dieron en el blanco con el programa de ayer. Al número Tres de Brandenburgo le faltó un punto de intensidad a ese equilibrio entre lo amargo y lo dulce que  siempre le he visto.

 Las estaciones de Vivaldi, interesantísimas porque la “Englihs Chamber Orchestra” se luce en los matices y contrastes, briosa, fogosa, ágil. Un gran grupo. Le hacía comentarios a mi “S” sobre las poesías que Vivaldi utilizó como referencia para su composición. No hace falta ser muy imaginativo para comprobar cómo estalla la tormenta, se deslizan los copos o cómo se arremolina la nieve. Eso lo he dibujado para un grupo de maestros de música con los que colaboré hace unos años. Sara Chang, la solista coreana, nos deja patidifusos cuando se presenta con un vestido según la más pura estética restaurante chino y toca como una salvaje postromántica. Gusta, sorprende, pero una no puede imaginar al violinista barroco recalentando su instrumento con tanta fuerza.
Hemos vuelto a encontrar a nuestros compañeros de concierto, los canosos escandalizables. A sus aspavientos automáticos a la tos y a los ruiditos  se ha unido una señora que, a voz en grito, le contaba a una amiga suya que había cambiado de sitio porque tenía una vecina que apestaba.  ¡ Qué indiscreción por ambas partes!
Foto sustraida del New York Times. El vestidico es el mismo de Murcia, no se observan aquí la pedrería, el rebrillo y las dos olas de rosa pavo que coloreaban la falda.