Italia. Voy terminando.
Lunes, Diciembre 31st, 2007El último día en Florencia fue un día de retrasos. Nos levantamos tarde, salimos tarde de Certaldo, llegamos tarde a Florencia, comimos tarde, llegamos tarde al mercado de las pulgas en la plaza de la Santa Croce, que ya no estaba aunque bien pensado, cuando uno anda de vacaciones los retrasos no existen ya que nadie te espera.
Lo mejor de Florencia, después de los Ufizzi fue la catedral: Santa María dei Fiore.
Desde fuera y desde dentro es enorme, la cúpula de Brunelleschi colosal, se te viene encima si entras por la calle adecuada. Hay gente que tiene la voluntad de subir los escalones hasta la base del tejado de la cúpula y se merece una medalla. Allí estaban como hormiguicas a pie de teja.
Dentro, la cúpula inundada de luz natural de la linterna te fascina, los frescos son una masa de gente en movimiento que viven en los distintos estratos del cielo. Una casa de vecinos bien avenidos sobre nosotros. En el cielo, ya se sabe, paletadas de buen rollito.
Y la cosa no queda ahí, la catedral da para mucho y, con el paso de los años, se ha desprendido de parte de su obra: esculturas, pinturas, balaustradas, columnas que. por su colocación al aire libre en la fachada, se deterioraban rápido o elementos decorativos que por una reforma dentro de la catedral han sobrado.
Muy acertadamente no se han deshecho de ellos, los han colocado en el Museo de l´ Opera del Duomo: la Piedad de Miguel Ãngel, la balconada del coro de Donatello que representa un grupo de niños cantores en previsión de que los titulares de la escolanía no se presenten, la Magdalena del propio Donatello (una estatua muy moderna) y además los bajorrelieves originales de las puertas del baptisterio de la catedral de Ghiberti, tallados en madera y recubiertos de papel de oro. Todo está allí, protegido, ordenado, limpio. Me gusta especialmente de este museo la exposición sobre la historia de la construcción de la catedral: convocatorias de concursos, planos, maquetas, herramientas de construcción, materialesUna visión distinta.
De vuelta a casa, de nuevo nos espera el ferry Grimaldi, llegamos a un singular espacio. Si en Murcia existe la Manga, en Italia existe Orbetello, una península unida a la bota con tres cintas de tierra entre las que hay dos lagunas saladas y una marisma. Lugar de veraneo, muy turístico (teclea Orbetello en google y verás que los links de las primeras páginas son hoteles, hoteles, hoteles).
Parece ser que la zona tuvo relación con la monarquía hispánica durante un tiempo, relación de ¿vasallaje?. http://es.wikipedia.org/wiki/Estado_de_los_Presidios
Orbetello en invierno está muerto, como la Manga, pero tiene catedral, abierta en esos momentos porque hay un funeral. Pudorosamente no entramos, les dejamos en su ceremonia. Intuyo que Orbetello tiene mucha más historia escrita que la Manga.
Comemos baratísimo en una taberna muy concurrida. Todo está soso, pero sirve para rellenar el estómago sin mucha exigencia. Con hambre no hay pan duro.
El ferry se hace llevadero si te llevas lectura, duermes y te relajas. Terminé la basurilla de libro de “La historiadora” y me lancé algo muy apropiado para leer en barco: “Corsarios del levante” de Pérez Reverte (hagamos patria). Aprovechamos el ferry para descansar intensamente ya que pensábamos, una vez en tierra firme, tomar carretera y manta hasta Molinica del Señor, cosa que hicimos.
¡Ay!. ¡Mi casa!
Santa Maria dei Fiori. Catedral de Florencia.
Puente Viejo, el paraiso de la joya.
Orbetello, plaza del ayuntamiento.
Orbetello, placa del puerto donde se nombra Los Alcázares (me da un ataque de murcianidad)






























