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Las diabéticas de Antonio Campillo

Viernes, Febrero 13th, 2009

 

Subir sobre la bicicleta se le hacía penoso, aunque fuese para complacer a Antonio. Echaba de menos cuando el escultor amasaba maternidades. La mecedora, el nenuco entre los brazos, los calzos sujetando los balancines, la quietud para que él tuviese tiempo de recoger el instante en que el niño, sostenido en el aire, braceaba, incluso sonreía.

Desde hace algún tiempo, viró hacia lo ciclista. Todo artista pasa por etapas, y mientras más viejo se hacía, más buscaba el movimiento, quizá para compensar la rigidez que se le iba trazando en las articulaciones.

- Vamos, nena, súbete a la bici. Quieta. Echa la pierna izquierda hacia atrás. Así, así. Casi lo consigues. Sube la cabeza.

Pasada media hora tenía el culo y las palmas de las manos dormidas, los codos empezaban a doblarse y un tenue temblor subía desde las plantas de los pies, firmes en los pedales, hasta la rodilla. Antonio, pegote a pegote, copiaba sobre el armazón de alambres su figura rolliza, el gran cuerpo sostenido por piernas de alambre.

No sabía Josefa si aquellos leves temblores eran cosa del bajón de azúcar ante el ejercicio ciclista o de la rigidez del cuerpo. No sabía Josefa si cuando su marido le decía que subiese a la bici, afirmando con convicción que el ejercicio la ayudaría a reducir su glucosa disparada, era un acto de amor o una simple argucia para ahorrarse unos euros en el pago de modelos. No sabía si tanto esfuerzo era un bien en sí mismo o un camino previo a la fama y la eternidad. No sabía, pero se dejaba hacer.

Mi madre, observadora mujer, aunque a veces equivocada, decía que con el tiempo a los diabéticos se les adelgazaban las piernas y perdían la cintura. Lo cierto es que las mujeres que esculpe Antonio Campillo responden a ese esquema. Gallinas de pata fina y cuerpo de globo.

A mí me gustaría que Antonio Campillo me esculpiera antes de morirse, es un deseo imposible, como otros muchos, ya que no doy el tipo, a pesar de los años, sigo teniendo unas piernas como las de Gento.

España, 1900 y otras zarandajas culturales

Martes, Diciembre 9th, 2008
Nicholas Nixon. Brown sister 25 years

Nicholas Nixon. Brown sister 25 years

Nos gusta pasear por Madrid, es cosa de que vamos un día y lo tomamos de buena gana. Así,  de paseo, como dos señores. Y allí estaba, frente al BBVA, la fundación MAPFRE. España  1900, exposición hermana de la del banco. Arte del último siglo, lo que más recuerdo son los cuadros de Ramón Casas y de Sorolla, lo demás queda en el barullo del viaje. Me gustó a rabiar. En los dos casos sé que son cuadros que posiblemente no volveré a ver en mi vida.

http://exposicionesenmadrid.blogspot.com/2008/10/fundacin-mapfre-exposiciones-entre-dos.html

La dinámica, el público que asiste a las exposiciones un día laborable se compone básicamente de amas de casa en comandita, bajo el yugo de su asociación, jubilados y estudiantes en salida cultural. Y es que cualquier sala que se precie ya tiene su sección didáctica para lavarles el cerebro a la juventud de las telarañas que les instala la televisión y el móvil. Es bueno que comprueben que existen otras cosas además de las tres que ellos quieren ver. Los parados, aunque tienen mucho tiempo libre, creo que no tienen ánimo para ir de exposiciones.

Paseo Recoletos abajo, siempre abajo, buscando Atocha te das de bruces con el edificio de Caixa Forum y su jardín vertical. Me gusta este edificio, por dentro y por fuera. Este verano, con Elenita, vimos las andanzas de Charles Chaplin.

¿Qué nos ofrecían? Una colección de esculturas de Degas, muy conocido por sus pinturas de bailarinas de tutú, y las carreras de caballos, no tanto por la escultura que utilizaba como herramienta para mejor comprender el cuerpo humano.

Y la biografía fotografiada de las hermanas Brown, desde la adolescencia hasta la madurez. Una foto al año durante 25 años. Curiosa evolución la del cuerpo humano.

Todo esto me gusta pero yo me pregunto, ¿cuántos de los 47 € que me sopla la Caixa por concederme una tarjetita de crédito van a parar a estos lujos culturales?  ¿Cuánto del recibo del seguro de mi coche va a la fundación de MAPFRE?

Creo que sería preferible que abaratasen costes y yo con lo ahorrado me compraría un Ramón Casas para ponerlo en el salón.

Madrid, excursión de otoño

Sábado, Diciembre 6th, 2008

 

 

 

 

 

 

 

 

 

No envidio a los madrileños. Vivir Madrid es la aceleración permanente. A veces imagino que la tierra es un gran cuerpo vivo con sus enfermedades y sus infecciones, Madrid y cualquier otra gran ciudad es un forúnculo en lugar sensible. En su crecimiento atraen una gran circulación. Los coches son los glóbulos rojos o blancos en busca del foco del mal, búsqueda estéril. Yo debo ser el adn del glóbulo.

Me acaba de sorprender el Word, cuando tecleo forúnculo me invita a sustituir por divieso, significan casi lo mismo pero no termino de entender esta oferta.

Para un par de días Madrid está bien. Además de ver a las niñas, que están perfectas, se hacen mayores y, extrañamente, después de superar la adolescencia, ganan en belleza y gracia natural, queríamos ver.

Ver la colección de pinturas enclaustrada durante años en Monserrat y llevada a la capital provisionalmente a la fundación BBVA en el palacio del Marqués de Salamanca. Un edificio noble con patio interior y lámpara gigantesca con la que el “super” fantaseó colocándola en nuestro salón a lo que le tuve que decir que sí, siempre y cuando sacase mesas y sofás al patio para dejarle sitio, cosa poco práctica pero estéticamente bien. No le vamos a hacer la contra por fruslerías.

Los bancos, en sus actividades culturales nos devuelven parte de los beneficios que les proporcionamos dejando que nos cuiden nuestros dineros, así que gratis total. Además de ver cuadros de pintores del siglo XIX (me quedo con Ramón Casas) pude comprobar que un jueves por la tarde cualquier exposición se nutre de jubiladas, entre todos los presentes debíamos sumar unos diez mil años y eso es mucha historia. No sé si prefiero a las ancianas de mi infancia de luto permanente, delantal (sustituto del bolso) pañuelo a la cabeza y las tetas por la cintura porque cuarenta años sin sostén no ayudan a mantener las carnes en su sitio o a estas ancianas que se empeñan en parecer juveniles criaturas tras un biombo de maquillaje y joyas. Me faltan diez años para comprenderlas.

 La exposición es atípica si tenemos en cuenta que viene de la abadía de Monserrat estandarte de lo católico en Cataluña, porque los normal de las iglesias es que reciban exvotos y joyería fina de señoras agradecidas por supuestos milagros o cuadros religiosos, pero los catalanes deben tener  un sentido abierto de lo valioso (la pela es la pela) y sus curas no renuncian a un cuadro profano y profanador porque es un tesoro aunque no de publicidad a la historia de la santidad. Bien por ellos.

Escuchando “la pasión según san mateo” Juan Sebastián Bach. Otro tesoro.