Ensayar tiene su ciencia, se trata de desmigar las dificultades, repetir lo que haga falta unas cuantas veces, memorizar y dormir. La música hay que dormirla. Si has aprendido o estudiado algo e intentas inmediatamente ponerlo en práctica, es posible que no salga. Si te vas a dormir, lo reposas, no se sabe qué pasa en el sueño pero las interconexiones cerebrales de la música se cuajan, toman fuerza, y ya te lo sabes.
El viernes tarde, casi noche, en los locales de Discantus apareció el teórico misógino a ponernos en solfa. Es un lujazo que el compositor de algo te dirija, es como si Mozart viene y te dirige la misa de la Coronación, ya sabemos que Mozart está muerto, pero Roque Baños, no.
Después del calentamiento, sí, nosotros calentamos igual que los atletas pero sin movernos de la silla, apareció un tipo muy corriente: gafas, morenico, con pelo y barbita, unos treintaitantos. Si te lo cruzas por la calle no lo miras. Deduje, en un rapto de lucidez que era Roque B. Si hubo una presentación no la recuerdo pero la primera intervención fue antológica:
-Dada mi flu, flu, flu, flu, fluidez verbal, esto puede ser muy largo -dijo- y estoy muy cansado.
Léchugas, el ínclito es tartajoso, pensé para mi. Di_simulaba ser tartajoso pero se reía de si mismo. Con esa simple argucia, rompió el hielo y se puso a salvo de cualquier comentario, crítica o pensamiento circular sobre algo que es incontrolable e incómodo.
Tres horas más tarde se dio el trabajo por terminado. Tener el local de ensayo en el bajo de un bloque de viviendas tiene limitaciones decibélicas a partir de las doce de la noche. Roque, el maestro, histriónico, divertido, serio, cachondo, deslenguado, formal, enloquecido, según el momento, había conseguido meter con calzador la “Balada triste” y había repasado todo lo demás, o casi. Algunas partes inestables como gelatina fueron aplazadas al día siguiente para que el equipo directivo habitual las machacase.
Y nos fuimos a dormir, la música hay que dormirla. Yo estaba fundida, hecha polvo, caput.
Sigo dibujando mientras ensayo, hay viejos vicios que nunca se pierden.
