Don Giovanni. Mozart, en Vera.
Viernes, Agosto 5th, 2011La vida a veces te sorprende y dando un paseo por el Mercado de Vera, que es como la versión reducida del del Molina vimos un cartel anunciando que el viernes siguiente, a las nueve de la noche había ópera en la plaza del pueblo. ¡Léchugas!, ¡ esto no pasa en mi pueblo !
Muy dispuestos asistimos al evento. Un grupo de estudiantes de canto polacos, en viaje de estudios por España, generosamente escenificarían la tragicomedia. Puntualísimos, empezaron la actuación cuando el reloj de la iglesia dio la última campanada de las nueve.
Don Giovanni, Don Juan, seductor sin vergüenza, circula por medio mundo rompiendo corazones y virgos. Su criado Leporello le apoya incondicionalmente. Se encuentra con Doña Ana, señorita bien que extrañamente se resiste a sus encantos cosa que enfada al seductor hasta el extremo de tomar por la fuerza lo que se le niega. El padre sale en defensa de la criatura y Don Giovanni lo mata. Doña Anna busca venganza con la ayuda de su novio.
El Don escapa y no enmienda sus costumbres, intenta llevarse al huerto a Doña Elvira, otra señorita bien y a Zerlina, una campesina al pie del altar. Caen rendidas a sus pies por las buenas o porque engaña, se disfraza, cambia de personalidad. Doña Elvira, a pesar de conocer sus argucias se enamora y espera llevarlo por el camino recto, cosa que no ocurrirá porque una “muerte” muy oportuna pasa recibo y se lleva a Don Giovanni a la tumba.
Ligeras variaciones sobre el argumento del Don Juan del mes de noviembre. Divertidísima. Bien cantada. Un Leporello actuado, es decir perfecta conjunción entre el canto y el teatro, muy lucido y simpático. Doña Anna y Doña Elvira, estupendas en sus papeles. Don Giovanni empezó muy flojo y fue creciendo en su papel, cosa un poco decepcionante cuando hablamos de profesionales o casi.
Estaréis extrañados porque no vi ninguna pega y si las hubo.
- Una pena que cantaran sobre una grabación bastante mala de un solitario piano.
- A falta de coro, tres vecinas de Vera sentadas a nuestro lado, cotorrearon durante el segundo acto, imposible callarlas o decirles que desafinaban.























