Salí de casa con ánimo de paseo, sin entrada y sin “S”
al concierto celebración del 25 aniversario de las secciones jóvenes. Concierto para recoger dinerillo para Haití, nada de gratis, 5 euricos, ahora sé que bien pagados.
La taquilla del Villa de Molina está orientada a poniente, a pleno sol de las siete de la tarde. ¡Había cola!, coña ¡esto sí que es un éxito¡ Minuto después quedó desvelado el misterio, se les había roto el ordenador y hasta que se dieron cuenta que podían dar las entradas por el sistema tradicional, antes de los ordenadores existían los teatros y la gente compraba entradas numeradas, nos tuvieron pie plantado al sol de poniente (leches, qué poético).
Me dieron una entrada a huevo gallinero, rodeada de gente desconocida, niños vociferantes. Habría aprovechado para relajarme pero el activo público infantil que me rodeaba lo ponía difícil, me arrepentí por no llevar unas hojas para garabatear, un lápiz, un matatiempo, porque el Villa de Molina es heredero de la tradición teatral del pueblo y es rarito que algo empiece a su hora.
Debí quedar en trance porque no recuerdo cuándo empezó el espectáculo, allí estaban sobre el escenario cantando solas “Aurtxo polita”,¡Con un par! (perdón, pero se me ha pegado de mi hermano Antonio) ¡Qué valientes¡, porque para cantar solo delante de un teatro sin ser profesional hay que ser valiente.
Aquello había empezado y fue imparable, sorprendente y muy divertido: “Brosio”, Am Brosio” haciendo de sí mismo, cogido de la mano de Antón, desenvolviendo el hilo conductor de la pequeña historia del coro, llevándonos a todos, entre bromas y veras, hasta el final, vigilados siempre por el fantasma de Pilar, presentaron el espectáculo, espantaron el aburrimiento, beatíficamente hicieron que perdonásemos las disonancias, el desafine y cualquier posible pecado contra la música.
Todo lo demás se deslizó, ágilmente, sin tropezones. Momentos hubo para pensar:
- “Aquí falta ensayo”.
- “El piano como base y guía para estos críos conseguiría un trabajo más lucido”, ó “¡qué peligroso es cantar a pelo!”
- “¿Por qué son tan tontamente vergonzosos los adolescentes?” o “¿Dónde olvidó el látigo la directora?”
- Que alguien eche a ese crío follonero del teatro -su padre por delante-,
- Cómo pasa el tiempo al identificar antiguos coralistas que hace años no has visto -entre tanto se han casado, han sido padres, se han divorciado o no, han cambiado de empleo- y que están allí, sobre el escenario. Te consuela ver que la gente también se hace mayor, no solamente tú mismo.
- Pues sí que se lo han trabajado.
Ir al teatro da la oportunidad de pensar, le das vueltas, y las conclusiones finales son:
”Todo trabajo bien hecho tiene detrás una gran dedicación”.
Este trabajo debe abrir una nueva era en el coro. (Yo quiero hacer un espectáculo igual para mi sección, quiero un espectáculo total -no digo zarzuela, jeje- con un musical tipo Brodway de Molina me conformo. )
”Queridos jerifaltes coralísticos…. Doblo el lomo y les hago una profundísima reverencia oriental”.