Fútbol
Sábado, Julio 10th, 2010No me queda otra que hablar de fútbol. Yo lo quería dejar pasar, pero el tema me busca y al final me encuentra. Para empezar por el puñetero futbol se aplazaron ensayos, fiestas escolares y otros eventos.
Como deporte me parece una sana actividad, los jugadores corren, el portero para, el árbitro arbitra, se gastan energías, trabajan en equipo, pasan el rato sin apedrear perros, guardan la distancia con los perniciosos sofás, se hacen la ilusión de ganar algo, y todo esto es bueno.
En el patio de mi cole pasan cosas relacionadas con este noble deporte: peleas, balonazos, discusiones besuguescas, palabrotas mil, insultos… A los críos, en el apasionamiento por el juego se les va la cabeza y por eso, en mi cole, el fútbol está prohibido como juego de patio.
Como espectáculo de masas, siempre he pensado que este deporte tiene que tener algo, un aquel ignoto o incógnito que mueve los sentimientos de algunas personas (hace unos años habría dicho tíos, pero asombrosamente las señoras también se van sumando al trance). Ese misterioso influjo altera el comportamiento de seres humanos normales y los puede llevar a extremos increíbles. Me explico, si tú le dices a la mujer o madre de Luís Pérez . que hace un minuto ha saltado la valla para subir hasta la cabeza de Diosa Cibeles a poner una bandera, te dice que estás borracho, que su hijo, esposo no es así.
Cosas increíbles que un ser humano puede hacer, y muchas veces hace, en relación con el fútbol:
Mentarle la madre al árbitro, sin conocer ni a la madre ni al árbitro.
Lanzar piedras, botellas, mecheros, móviles y otros objetos a los jugadores y el árbitro con ánimo de hacer daño.
Hacer el jilipollas delante de las cámaras de tv gritando, soy español, español, español, con pinta de borracho descerebrado.
Disfrazarse de rojo y amarillo.
Comprarse unas chanclas rojas y amarillas.
Maquillarse en rojo y amarillo.
Comprarse una camiseta de la selección. Pregunten precios y se asombrarán. Yo tengo un compañero que la ha comprado por internet en Tailandia (36 € sin mencionar gastos de envío).
Ir a trabajar con la camiseta de futbolista entrando en escena con las patas separadas, es decir, andando como un
macho muy macho.
Cambiar el nombre de la Selección Española por “La Roja”, porque suena un poco facha decir que son españoles. No hay nada peor que parecer facha, aunque uno lo sea.
Desactivar cualquier obligación porque hay partido. Ni se te ocurra incendiar tu casa ni tener un cólico miserere, tu vida corre peligro.
Llegar hecho polvo al trabajo porque celebramos lo que ha ganado otro.
Decir “hemos ganado” mientras se ve la tele en el salón harto de patatas fritas y cervezas.
Pagar un pastón por una entrada.
Viajar miles de kilómetros para ver un partido pidiendo un préstamo o pagando a plazos.
Aquí puedes añadir tus ocurrencias, seguro que sabes alguna más.
Busco el componente positivo para redondear la lista, y no se me ocurre. Y es que esto del fútbol es la versión descafeinada del circo romano, sin sangre, pero circo.
Escuché ayer en la tele a Juan Luis Galiardo, actor, su valoración un tanto agria sobre la razón fundamental por la que uno se hace forofo futbolero. El aficionado es normalmente la persona no satisfecha con su propia vida que añorando triunfos personales admiran los triunfos de otros, los futbolistas. Su pasión de forofo rellena los huecos que su propia apatía e insatisfacción le producen. El forofo gasta energías erróneamente en buscar el éxito a través de otro al tiempo que no tiene la inteligencia ni el coraje suficiente para aplicar esa energía en luchar por el propio éxito.
Ahí queda eso.








