Archive for the ‘Cosas de niños’ Category

Violeta o el abuelato

Domingo, Junio 19th, 2011

Ya tiene quince días y hace lo que todos los bebés, duerme, come, berrea si hace falta… parece mucho mayor de lo que es. Esta es Violeta plácidamente dormida.

De este dibujo, digo como Picasso de Gertrude Stein, con el tiempo terminará pareciéndose.

Sobre la pregunta, tan repetida, ¿qué se siente al ser abuela?, pues casi las mismas inquietudes que se sentía al ser padre pero con menos tareas. El runrún interno que pide en secreto que el mundo que le toque sea un buen mundo está ahí. Poner algodones en todo lo esquinoso, de momento, hasta que se endurezca y se haga mayor para que vea, sienta que lo que tiene alrededor es real, bueno y apetecible.

Pequeña fauna para Violeta

Sábado, Junio 4th, 2011

Misión cumplida. He terminado de pintar el cuadro animalesco para Violeta. Ella aún no lo sabe porque debe estar gustosamente dentro de su señora madre y empieza a mostrarse impuntual.

El podómetro o cuentapasos

Jueves, Junio 2nd, 2011

 

Un antiguo alumno mío es ahora profesor de Educación Física y además trabaja conmigo, no hablamos de que fuese alumno mío ayer tarde, no, la cosa viene desde su Educación Infantil, entonces llamada preescolar. Empiezo a sentirme un dinosaurio de la educación.

Este zagal tiene muchas ideas, entre ellas luchar contra los  infantiles michelines. El plan consiste en animar a los críos al movimiento continuo, para eso se les coloca un podómetro, se apunta los kilómetros que hacen a la semana, y si cumplen unos mínimos, ¡premio!, se les deja jugar a un juego de pantalla gimnástico, es decir, se les premia con más actividad física.

Como reconozco las buenas ideas y si puedo las sigo, intenté comprarme yo un cuentapasos, pero como era un proyecto a nivel regional, no había, se agotaron.

Los críos estaban muy por la labor, motivados se dice ahora, así que me encontré a  mi Edu  en un rincón dando saltícos.

-¿ Te pasa algo, Edu? -le pregunté.

-No, estoy subiendo el cuentapasos -con sonrisa de oreja a oreja.

-¡Ah!, muy bien, sigue en ello - y allí lo dejé.

Mi alumno inventor, que también anda sobrado de kilos,  vino después del primer fin de semana con un contador de 36 km, ¡apabullante¡. 

Pasado un mes volvieron a reabastecer de podómetros a las tiendas del ramo, entiéndase Decatlón. Ya tengo uno ( 6 euros) que solo uso cuando voy andar. En dos meses he dado 211.252 pasos, traducido a medida estandar  son 149 km y 990 metros. !Hala¡ ya sé que en dos meses podría llegar andando hasta Albacete. Parece mentira lo que cuesta consumir las calorías que tomamos, ya lo dice el dicho: un minuto en la boca y años en el culo.

Pintando de nuevo

Domingo, Mayo 1st, 2011


He vuelto a coger los pinceles. Por fín veo. La presbicia es mala cosa. Al principio no ves de cerca y dejas de leer. Lo que antes te gustaba mucho, deja de interesarte porque aunque te esfuerces no consigues descifrar lo que tienes delante. Un día tienes una idea feliz y dices, ¡cáspita! ¿será que necesito gafas? y te pasas por la farmacia, ¡et, voilá!, era eso.

La presbicia es avariciosa y un poco más tarde pierdes la nitida claridad de la pantalla del ordenador. Pruebas con las gafas de leer y ¡coño! que se aclara todo… pero se oscurece lo que leías y entonces te compras otras gafas. Unas para leer, otras para el ordenata.

Pintar requiere un juego de planos, es como si quisieras leer, usar el ordenador y mirar el paisaje todo al mismo tiempo o en breves instantes de transición. Entonces necesitas tres gafas intercambiables, más los pinceles, los aromas del aguarrás y a veces hasta pensar. Te faltan manos y al final haces como yo hice, te rindes a la evidencia de que no eres quien eras. Me rendí y cerré (metafóricamente) la leonera de pintar.

La ciencia avanza una barbaridad y gracias al invento de los cristales progresivos y tras un mes de prácticas superado con éxito notifico que he recuperado la vista y he vuelto a pintar, cosicas para el abuelato: Una pequeña fauna, sin trampa ni cartón, pincelada a pincelada.

Requiem Alemán

Jueves, Abril 14th, 2011

Hace un mes compré las entradas para escuchar (y ver) el Requiem Alemán de Brams. La Sinfonica de Bamberg y el Coro de niños de windesbach para mayor gloria de la música coral y sinfónica.

Como tengo la memoria floja, días antes un alumno mío que estudia danza, es un casi profesional y ya desgasta zapatillas en el conservatorio de danza  junto a la catedral, me invitó a la gala donde donde muestran todo lo que han aprendido a lo largo del curso. Acepté la invitación y dos días más tarde me di cuenta de que gala de danza y requiem casi eran a la misma hora. ¿Podía renunciar a algo?  No. Así que con buenos zapatos y mis dos entradas en la mano me puse en cola en el teatro del Conservatorio. Veinticinco minutos más tarde había visto bailar a mi alumno (Por dónde vas a misa que no te veo -ponle música de jota murciana), había cogido puerta y enflechado la avenida del río segura por al margen izquierda hasta el Victor Villegas. Lo del conservatorio a pesar de ser una fiesta escolar estuvo dignísimo y muy entretenido, me hubiera quedado hasta el final pero….

A las ocho en punto me tikaban la entrada y me las prometía muy felices porque pensaba tomar algo en la cafetería en la media hora que faltaba para el concierto. ¡ Oh, vanas esperanzas ! Dín, dán, dón, faltan tres minutos para la represantación. ¡Cáspita! Aquí falla algo, la representación debía ser a las ocho y media, pero no lo era. Así que me enfrenté al Requiem muerta de sed, con ganas de ir al baño y deseando  en el intermedio atender mis urgencias. Ni intermedio, ni flores, resolvieron de un tirón una hora y veinte minutos de Requiem que a decir verdad no se hicieron pesados.

¿Me gustó?  Sí, al 60 %. El coro de niños y adolescentes además de muy numeroso tiene algunas cosas excelentes. Son muy eficaces al desarrollar los pianos (no piense vd en instrumentos musical de tecla, piense en la reducción del volumen de sonido). El timbre de los contraltos era excelente. Los tenores brillaban con luz propia. Los sopranos tenían fuerza y volumen aunque no dejaban de escucharse ciertos escapes de aire muy propios de las voces infantiles que  no termina de gustarme.

Me pareció un tanto excesivo que los mantuviesen de pie todo el tiempo que dura la obra. Al final, en el momento de los aplausos se sentaron  como se sientan los críos en una escalera, es decir, sin la duda que yo tengo de que si seré capaz de levantarme o no del sitio.

La orquesta, a pesar de sus muchos honores no me pareció maravillosa pero sí eficaz.

La cantera

Domingo, Abril 10th, 2011

Lo que más me gusta de las procesiones es la percusión, el pom, porropom, pom, porropom. Me entra por las tripas y puede resultar casi emocionante. Hoy, al pasar por la calle Mayor en la caminata habitual del Domingo, a lo lejos se oía ese estruendo controlado. No es un día habitual de procesiones, falta más de una semana para la Semana Santa, pero guiada por mi natural instinto para el evento y la celebración, pues eso, he seguido el tamborileo y allí estaban, ellos, un batallón de infantes vestidos con faldones,  túnicas y capas, llevando estoicamente los pasos (eso sí, de su tamaño), algunos con cara de sufrimiento, otros con cara de circunstancias no entendiendo muy bien por qué les ha tocado esa cruz. Niños jugando a ser mayores.

Algunos chicos mayores intentan mantener el orden de las filas, inútil intento de poner puertas al campo porque los críos que no llevan trono tienen barrigas carameleras de las brotan golosinas, chupachups y piruletas. El público, en el que también hay mucho crío, parece un enjambre de abejas buscando algo dulce que llevar a la boca. Algunos críos llevan una bolsa de supermercado medio llena, casi no pueden con ellas.

Veo pasar a Antoñito, un niño mayor de mi cole, me mira, me sonríe y me da un puñado de caramelos. Ya en casa me he comido una piruleta.

Educación empírica

Lunes, Abril 4th, 2011

Hace uno días en el periódico “El Mundo” apareció una noticia singular, cuanto menos chocante.

El profe había aprendido en la carrera una cosa cierta, todo aprendizaje cercano, vivido y experimentado por el alumno se consolida en el magín del sujeto. Debía explicar cómo era la alimentación del hombre primitivo antes del fuego. Supongo que previamente llevaría a los niños a recoger hierbecicas, frutos, tubérculos y otros seres vivos vegetales y silvestres.

Como la experiencia debió ser satisfactoria organizó una actividad de ampliación. Se trataba de hacer una cata de carne según los principios de hombre prehistórico, así que trajo a su clase un tierno y peludo conejito con la sana intención de que sus alumnos probasen la carne tal como lo hacían aquellos antepasados nuestros. Para evitar sufrimientos al animalico le dio un leve golpe con un martillo entre ceja y ceja aturdiéndolo, después procedió a desangrar, desollar y eviscerar  al orejudo, para después, una vez troceado, darlo a comer palpitante a los tiernos infantes. Nos sabemos si dio a beber la sangre al mejor de la clase.

Los críos reaccionaron según sus ánimos y carácter; alguno debió saborear la carne e incluso le supo bien, otros, los más reaccionaron extremosamente. Las vomitonas se generalizaron, los llantos, los mocos caídos, los hipos y otras muchas expresiones trágico sentimentales se hicieron dueñas de la clase y hubo que llamar al servicio psicológico para apoyar sus tiernas mentes. Alguno está en tratamiento por el choc recibido.

Como no hay dos sin tres los padres han denunciado al profe y éste ha alegado en su defensa la libertad de cátedra y, posiblemente usará como argumento postrero que el tamaño y la raza del animal debe servir como eximente ya que peor habría sido sacrificar una vaca.

Crucifixus

Sábado, Abril 2nd, 2011

Tengo un alumno muy habilidoso, le encanta arreglar cosas. Si ve algo roto  se lo lleva a su casa y lo trae compuesto.

Hace unos días llegó a su cumbre máxima de expresión, apareció con una gran bolsa puesta boca abajo sobre algo que llevaba en las manos. Creó gran expectación y después de pocos ruegos desveló el secreto… esto que veís en la foto, un paso de semana santa portátil.

Con una caja de zapatos, un “madelman”, flores de plástico, dos palos cruzados y bastante ingenio y dedicación compuso este artefacto que da bastante que pensar, y es que los conceptos religiosos calan más hondo de lo que a mi me gusta admitir.

Tuve que discutir con él porque quería pasearlo por todas las clases en procesión, cosa que le prohibí, no era cosa de hacer acólitos entre los alumnos.

Terremotos

Sábado, Marzo 12th, 2011

¿No te sientes como una bacteria cuando ves imágenes como las del terremoto japonés? Un terremoto, una lluvia torrencial, el calor desmedido te ponen ante la evidencia de la poca cosa que somos, persona  a persona, individuo a individuo.

Mi “S” dice que la voluntad es el músculo que ayuda cuando ocurren desastres, los propios y ajenos. Esta teoría es aplicable al devenir existencial normalillo, cuando todos los elementos que juegan están  controlados. Ejemplo, llegas un día a casa y se ha caido un armario de la cocina, era tu día de suerte y cayó sobre el grifo arrancándolo de cuajo. El agua, en su natural tendencia a rellenar huecos convierte la cocina en una piscina y además recala hasta el sótano. Entonces tú sacas la voluntad que mueve la fregona, el teléfono para llamar a un fontanero y la paciencia para no insultar al que instaló el armario y pones manos a la tarea. Unos meses más tarde, gracias a la voluntad y a los dineros que tienes para una emergencia el evento está casi olvidado y te ha dejado de doler.

¿Qué voluntad hay contra algo cómo el terremoto japonés? ¿Quién te pone a salvo de la viga que te cae encima o de la masa de agua densa de cascotes que te arrastra?

Buscando en mis papeles he dado con la solución gracias a uno de mis alumnos, un chico muy, muy, muy creativo que ayer me dijo:

-¿Quieres que te cerdomanice?

-¡Léchugas! Pablito, qué generoso.

Y es que Cerdoman es el superhéroe,  cerdo volador,  que hace el bien (o el mal, según se tercie) a la humanidad.

Heme aquí, esta soy yo,  de superheroina.

 

Huele a pólvora

Domingo, Mayo 16th, 2010

No es algo extraordinario, pero hoy huele a pólvora. Un vecino, aficionadillo al fútbol y posiblemente forofo del FCBarcelona ha salido a la calle y ha quemado ¿diez, quince, treinta euros ? en truenos y cohétes para celebrar. Es que parece que éstos han ganado la liga.

Supongo que no será un funcionario o dependiente de las arcas públicas un poco inquieto por la merma de su sueldo. Se nos van a ir los cien euricos que nos permitían esos tontos lujos que te das de vez en cuando. Quemar pólvora es como quemar billetes, pura ostentación absurda.

Según parece uno de los grandes avances  de la humanidad ha sido el invento de la pólvora, en cualquiera de sus versiones. El concepto avance es siempre opinable. ¿cómo poner de acuerdo a quién disfruta del ruido y la peste de los fuegos artificiales con quien odia el ruido, con el que ha perdido dos dedos de una mano por el reventón de un petardo.

El fútbol no me gusta, me parece una estupidez eso de perseguir una pelota y pelear con otros por meterla en una puerta, no le veo la diversión. Resulta curioso ver a hombres, y cada vez más mujeres, capaces de viajar para ver a “su equipo”, perder una noche gritando en la calle, estar hechos unos perros en el trabajo al día siguiente por la simple diarrea expresiva que es una celebración futbolera, o como hace uno de mis vecinos cuando gana su “madrid” dar vueltas a la manzana con el coche pitando y dando voces.

¿Estamos tontos o qué? Uffff