Archive for the ‘Cosas de comer’ Category

Vueltas por Cáceres y Portugal: Bacalao

Miércoles, Agosto 27th, 2008

bacalao salado

 

El bacalao parece un pescado gástricamente inofensivo pero no lo es, aún así, babeo cuando pienso en él.  Los portugueses lo cocinan de mil maneras. Es curioso que un país con tanta costa base su cocina del pescado en uno que está conservado en kilos de sal. Debe haber explicación sobre ello.

En Oporto, a orillas del Duero, encajonados entre una pareja de franceses jóvenes y otra de ingleses mayores lo comí frito, demasiado frito. Quizá fuera la intención que la piel, las espinas y la capa externa del pez crujan, cosa que consiguen a costa de que el bacalao quede reseco. Freir bien el pescado es un arte en flash, rápido y brillante, que este cocinero no conocía. Ver a la chica francesa comer sardinas requemadas con cuchillo y tenedor me produjo un poco de impaciencia. Que presenten un entrante aparentemente gratuito, como muestra de la buena disposición del restaurante hacia tí, y que luego lo cobren me parece maleducado por su parte, deprimente para mí.

Los lugares para masas de turistas tienen estas cosas.

Todo tiene su lado bueno y recomendable:

 

            Bacalao dourado al estilo del restaurante Falcao de Mendonza  de Figueira de Castelo Rodrigo. El bacalao se desmiga y se mezcla con patatas cocidas, cebolla  pochada y nata -al menos eso deduje yo- se cubre de queso y se gratina al horno. Buenísimo pero tardé 24 horas en digerirlo.

El “estalagem” recomendable. Trato amable, buena comida y hermosas  habitaciones a un precio ajustadísimo.  

            Bacalao con tomate: sobre un lecho de tomate frito, cebolla y pimientos pochados descansa un bacalao excelente. Tomado en el restaurante Trasmontana de Figueira de Castelo Rodrigo.

Aquí no soy capaz de distinguir si la pesada digestión fue cosa del bacalao o del ataque que hice al maravilloso bufett libre de postres que ofrece el restaurante por solo dos euros. Pedazo de invento.

Con tomate lo hacía mi madre en cuaresma, evitando la tentación de la carne comestible, no de la otra.

 pila de bacaladas

Si pinchas en las fotos llegarás a la página de origen. Interesantes ambas.

Las bacterias

Domingo, Junio 22nd, 2008

Hace días, a modo de experimento ecológico científico y manual, hicimos reciclado de papel en clase. Hojas de periódico troceadas empapadas y luego molidas con la “Moulinex” se trasformaron en papel maché. Una vez secas a unas hojas de  papel rústico poco útil.

El mejunje sobrante, no lo pudimos secar todo por falta de espacio y cálculo mío, quedó encerrado en un bote vacío de mayonesa tamaño industrial que me regaló la cocinera.

Esta mañana lo hemos abierto. Controlé alguna arcada porque está feo ponerse a vomitar delante de los críos. Como pude les expliqué que el olor eran los gases desprendidos debido al trabajo de la bacterias, cosa que no sé si es verdad.

A ellos le pareció una explicación razonable y lo que en condiciones normales sería una peste vomitiva, insoportable, se tornó  en algo exótico, científico y hasta maravilloso.

¿Qué imaginarán?

 

 

Lasaña de bacalao y espinacas

Domingo, Mayo 11th, 2008

lasagna

 

Para variar, una receta ….de cocina. He superado mi obsesión sanitaria.

 

Los viajes italianos marcan carácter y, observando cómo lo hacen,  hemos experimentado con muchas variedades de salsas y pastas.

¡Por fin!, superados los tradicionales macarrones pastosos de doña Anita.

Una lasaña es una plato enredoso, no difícil, así que ánimo y a por ella.

Una olla grande con mucha agua y sal (el mar menor)  servirá, una vez haya roto a hervir,  para cocer diez placas de lasaña. Echalas una a una, esperando un poco, parece una tontería, pero es la forma de que no se peguen -son violentas por naturaleza-.

Picando cebolla, pimiento rojo y tomate. Se ponen a rehogar en ese orden, con aceite…claro, en la sartén.  Los italianos no apuran la salsa como nosotros, su intención no es hacer tomate frito.

Las espinacas, al vapor. Se hacen rápido y se escurren. Aún me sorprendo cuando las veo reducidas a nada, una mancha verde.

El bacalao, sin espinas, en daditos pequeños. Se añaden a la salsa cuando el pimiento está hecho, junto con las espinacas. Ojo, todo pescado pasado de cocción se vuelve estropajoso.

Un cazo para la bechamel. Aceite y unos ajos fileteados para dar aroma. Los sacas cuando estén dorados y los echas a la salsa. Aquí no se desperdicia nada. Dos cucharadas colmadas de harina sobre el aceite caliente, vueltas y vueltas, huye del grumo. La harina se tostará, es el momento de poner la leche –algo más de medio litro-, gira, gira, gira, hasta que espese. Y aún así, sigue, dando vueltas. Ralla la nuez moscada, ponle sal y sigue dando vueltas, la leche se debe evaporar un poco, para concentrar el sabor.

Ya casi está. Ahora en el fondo de la fuente unas cucharadas de bechamel y algo de salsa, placa de lasaña. lonchas de queso, placa, salsa, placa, bechamel, placa, queso, placa, salsa, placa… ya no te quedan. Baña la montaña con bechamel y espolvorea con el parmesano.

Cuarenta minutos de horno a 180º. Ojo, no se tueste demasiado el queso.

 

A comer.

 

Variaciones.

Los italianos hacen una bechamel muy consistente, a mi no me gusta. La forma de espesarla es añadir más harina, al principio, si te lo piensas mejor después tendrás unos cuantos grumos invitados a tu plato.

A falta de bacalao hazla vegetariana.