Mermeladas

Carezco de afición por los dulces. Un plátano con pan me parece exquisito y suficiente para matar el gusanillo goloso. A pesar de eso aquí están dos  recetas experimentales de mermelada.

Elena y servidora fuimos al mercado. No teníamos intención de comprar mucha cosa pero nos llevamos el carrito por si acaso. El resultado del por si acaso fueron unos kilos de manzanas y naranjas y una kilo de fresas. Las compré porque olían muy bien.

Estuvimos torpes, después de poner las fresas sobre todo lo demás con cuidado, al echar el carrito al coche olvidamos que estaban allí y les pasaron por encima naranjas y manzanas y quedaron ligeramente espachurradas.

Solución: una mermelada de fresa.

Medio Kilo de fresas y 200 gr de azúcar moreno. Tras cuarenta minutos de cocción a fuego flojo y mareado, echando, eso sí, las fresas enteras, obtienes una preciosa mermelada.

La cosa no podía quedar ahí, y ya que funciona con fresas, ¿por qué no habría de hacerlo con tomates cherrys?

Las proporciones son las misas: medio kilo de tomates cherrys escaldados -los pellejos quedan fatal en las mermelada y además impiden que el azúcar haga su trabajo- y 200 gr de azúcar moreno.

No se tapa mientras se cocina, la idea es evaporar el máximo de agua y concentrar sabores.

 

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