Iolanta

Los reyes me trajeron un regalo muy especial, unas entradicas para el Teatro Real de Madrid para escuchar, más que ver, dos óperas en una sola sesión: Iolanta de Tchaikovsky y Perséfone de Stravinsky.

¡Olé!

Tenía muchas ganas de ir al Real, y después de la experiencia, repetiré.  En el test que aplico a mis parientes, amigos y conocidos después de sus viajes, para evitar que me los expliquen detalle por detalle, es preguntar si repetirían. Si el sujeto responde que sí y deduzco que ha vivido una experiencia redonda, tanto que girando sobre sí mismo volvería al lugar de partida.

Yo volveré al  Real porque es bonito, lujoso, agradable, cómodo, tiene una sonoridad casi tan buena como la del Víctor Villegas, un público que va desde lo vulgar a lo exótico, la orquesta es muy buena y el coro divino de la muerte.

El público madrileño tiene un problema, tosiendo son los primeros, ¡ cof, cof ¡ , carraspean, hacen gárgaras si es preciso y trompetean sus mocos sobre  pañuelos. Siento arcadas. Los humores nasales son un gran enemigo de la música.

Ir al Real en fin de semana te condena a las plazas de escasa visibilidad porque el resto las tienen los abonados. Es un punto irónico ir a dos óperas que giran en torno a la vista, la oscuridad y la luz y tener un asiento de visibilidad reducida.

Filosofía aplicada

Iolanta es ciega y no es consciente de ello. Su padre, rey de un país imaginario, decide envolverla en algodones.  Todos a su alrededor hacen como si la ceguera fuese natural en todo ser vivo. Negar lo evidente soluciona el problema sólo a medias ya que el padre busca remedio para los males de su hija. Al final Iolanta es capaz de recuperar la vista a pesar de su padre. Enfrentar el problema porque el azar te pone frente a él te da fuerzas y te permite actuar.

Hay quien ve en la ceguera de Iolanta un trasunto de la defensa del padre de la pureza virginal de su hija. Podría ser pero pensando, pienso luego existo, hago cuentas,  veo  y recuerdo  Iolantas y Iolantos con los que me he cruzado, hijos de padres que negando la realidad pretenden que sus hijos no sufran, no vivan, no hagan. Personas que nunca ven, o vemos,  las deficiencias que tienen o tenemos y que hacen responsables de sus males a los otros, a la vida -indefinible fuente de males y sorpresas- al azar…

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