El regreso
Domingo, Septiembre 26th, 2010Dos días después del regreso no quedó otra que ir a Murcia (capital- como dicen los nativos) para resolver cosillas pendientes. Unos cuarenta grados a la sombra, ola de calor número x del verano, y ruta de comercio en comercio al abrigo del aire acondicionado. He ido a comprar telas, agujas y otros enredos de costura.
Murcia está vacía o casi. En el callejeo te cruzas con personas a las que apenas miras, vas a lo tuyo, hasta que algo te saca del caminar zoombi. Me encontré con el primer pobre, bien vestido, limpio y tirado en el suelo recalentado en la puerta de Caja Murcia -Gran vía-. El tradicional “Deme una limosna….” había sido cambiado por “Soy murciano y ….” Curioso cambio sociológico en los argumentos para pedir limosna, aparece el tinte nacionalista, quizá el trasfondo de que un pobre murciano debe pesar más en la conciencia que uno de otro sitio.
La cosa no quedó ahí, en el corto camino entre CajaMurcia y Julián López conté hasta cinco, cuatro hombres y una mujer, todos con el mismo aspecto y el mismo cartel. Curiosa coincidencia.
En este trajín de contar menesterosos otra ejemplar humano se cruzó conmigo unas cuantas veces, y no era la misma mujer, pero sí el mismo tipo de insensata, señoras entre los treinta y los cuarenta años, envueltas en ligeros vestidos de verano y morenas, morenísimas, negras. ¿No han leído nada sobre el exceso de sol y las arrugas prematuras y el cáncer del piel?




















