Viaje de verano: rumbo a Bruselas

En los tres últimos años he comprado media docena de maletas. He perdido ruedas, asas, trozos de plástico. Han muerto. El año pasado para poder llevar la ropa  desde el hotel a  Gatwick (London) tuve que utilizar mis habilidades comunicativas para comprar un rollo de precinto en la papelería de Victoria Station. Se trataba de  hacer una cura de urgencias a la maleta que había perdido la agarradera, lo conseguí sin hablar nada de inglés, es decir el lenguaje de “por señas” funciona.

Preparando viaje a Bruselas nos dimos cuenta que una de las maletas cerraba poco, es decir, apretujabas la ropa y hacía clonc al tiempo que se abrían los cierres. Como no podíamos salir a comprar maleta nueva decidimos hacerle un atadillo con cinta americana.

Los tiempos de espera en el aeropuerto se hacen eternos y pude comprobar por qué mis maletas se mueren. Los empleados, empleadas en este caso, juegan al lanzamiento de maleta o bulto en el camioncito de transporte. Las maletas no se depositan, no caen suavemente sobre otras maletas, se lanzan violentamente en un montón que se ordena a sí mismo, esto ocurre dos veces en cada viaje, luego la posibilidad de que la maleta reviente  o pierda una rueda es altísima. Existe la leyenda urbana que cuenta que el sindicato de maleteros tiene un acuerdo con los fabricantes de maletas, no sé sabe con qué oscuro fin.

La maletita gris llegó destripadita y volvimos a curarla ya que la cinta americana iba en la mochila.

En este mundo todo tiene arreglo menos la muerte.

Tags: ,

Leave a Reply