Calabazas
Sábado, Julio 24th, 2010Cuando yo estudiaba, las calabazas tenían mala prensa, representación del suspenso, nadie las quería ni mirar. Si te abandonaba el novio, el chico que te gustaba pasaba de ti, te daban “calabazas”. La calabaza totanera, verrugosa, verde por fuera y amarilla por dentro es un ingrediente imprescindible de la Olla Gitana, aquella que hacía mi madre sin la valentía de las peras.
El cabello de ángel, dulce humilde que sólo sirve para relleno se hace con calabaza cidra, una calabaza internamente peluda.
Calabacín es el ingrediente básico del muy murciano zarangollo. El calabacín no llega a la categoría de calabaza. Si lo plantas y te sientas delante de él a reflexionar sobre el devenir de la vida lo verás crecer, es sólo cosa de unas horas de paciencia.
Arrope y calabazate se oía gritar cerca del día de “todoslossantos”, una mezcla calabacera rica en azúcar y retostada, sustituto de la miel y frutas endurecidas con cal. Una bomba calórica fuera del tiempo.
Toumani Diabaté tiene una calabaza atada a un mástil, enredada en la tela de araña de 21 cuerdas que él estira, pulsa, afloja, tensa, marea, dando lugar a una música que suena exótica, personal y la mar de agradable. Dentro de la calabaza hay una guitarra, un arpa sencilla que aparecen según la inspiración del músico.
La calabaza de Diabaté no es calabaza, es kora, instrumento senegalés que ya tocaba su padre y que él heredó, tanto el instrumento como la habilidad para hacerlo hablar. La interpretación que ofreció como bis en “La mar de músicas” fue lo mejor de la noche.
Si quieres escucharlo, aquí lo tienes. Música para reconcentrarte en ti mismo mientras ver crecer los calabacines.
