El efecto Bartoli

Escuchando ciertas músicas te vacías de tensión, notas como se descarga a través de los pies -que están tocando el suelo- aflojas los brazos, las piernas, los músculos de la cara, se te pone cara de tonto y en lógica consecuencia, eres feliz.

He sufrido esta tierna sensación las dos veces que he escuchado a Cecilia Bartoli: Si un fenómeno se repite hay que ponerle nombre, la noche es noche porque se repite a diario, igual que el día, el perro es perro porque hay muchos de similar apariencia. Y ya es mucha casualidad que dos veces que he escuchado a la airosa Cecilia me haya ocurrido lo mismo, una sensación platanera y tropical de descanso e irresponsabilidad. ¡Oye tú, negrdo c´aguto toy! (ponle a esto acento caribeño y me entenderás mejor). Llamemos, pues, a este placentero sentir “efecto Bartoli”, como tumbarse a la bartola, pero en fino.

Lo curioso es que anoche en el Villa de Molina, auditorio reconocido por sus muchos ruidos e incomodidades, volvióse a repetir  el afamado efecto Bartoli, pero bajo el influjo de la música de Liszt y su “Descenso a los infiernos”,  requetebién interpretado por el jovencísimo José Antonio Candel Campillo. Requetebién desde mi punto de vista de aficionadilla, aquí yo digo como el alcalde, no sé si será mejor o peor,  pero a mí me gustó.  También resultaron apabullantes los buenos tratos que tiene Antonio García Egea con su violín cuando interpreta a Sarasate (Aíres gitanos) que es difícil y excéntrico pero muy agradecido cara al público que tiene afición desmedida por la cosa circense aunque sea en cuestión de música.

Lo mejor de todo el concierto, esa piececica de la “Suite Iberia” de Albéniz que trocea la “Tarara”, la interpreta como dos orquestas de pueblo completas que chocan una con otra porque vienen de calles diferentes, una avalancha de disonancias.

Esto de “volviose” es una pedantería que yo leí en mi infancia en alguna novela de Pérez Galdós u otro novelista del XIX, seamos precisos, no en la lectura, en el intento de leerla, en cuanto aparecía el giro yo colgaba el libro.

Los organizadores del acto, varias asociaciones de aficionados y practicantes de la música en busca de nuevos talentos pueden estar contentos con los resultados de sus gestiones ya que los dos zagales de tanto mérito  son los ganadores del primer concurso celebrado hace dos años.

“Chapeau” para todos,

 

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