Te deum, Charpentier

Se aconseja leer esto pensando en la música de Eurovisión, timbales y fanfarria exuberantes.

El tiempo pasa que vuela y ya hace, según parece, que hace diez años que cantamos con el coro el “Te deum” de Charpentier.

Algunas cosas asombrosas han pasado, ejemplo, no se me había olvidado, ahí estaba, escondidico en un cajón de la memoria, esperando a salir de nuevo. Ha sido emocionante comprobar que la voz, que como  otras cosas de mi cuerpo ha cambiado, ahora es más aguda, puesta en mis, fas y soles sin problemas, aunque la lógica dice que debería ser al contrario, mientras más vieja más voz cazallera,  y no, sigo en mi tesitura juvenil… Lo que hace la práctica y el entrenamiento.

En la dinámica de este coro, como otras veces, algo muy costoso de preparar quedará otra vez guardado con naftalina, ¿hasta el treinta aniversario del coro? Es lo que tiene la dependencia de la orquesta. Depender de la orquesta tiene además otros dramas, ellos son nuestro colchón, el bastón del ciego que te guía,  y hay que decir que no estuvo muy afortunado el violinista que olvidó entrar en el “Fiat misericordia…” arrojando a la soprano al vacío, descomponiendo al director que no sabía si tararear él la parte olvidada o sacarle un ojo con la batuta. Cosas del directo.

¿Deberíamos empezar a cantar con música enlatada? (jeje)

En dos palabras, lo funda mental (gorrito o sombrero) es que yo disfruté con este jolgorio musical organizado y clásico y creo que mis compañeros también, incluso los que se jugaron el tipo con los solos. Una  vez reposado el trance en la memoria, pesando en la balanza de lo bueno, lo malo, lo aceptable y las basurillas, comprobarán que hay kilos de esfuerzo y unos gramos de mala suerte y empezarán a notar que dentro tienen un sujeto oculto que se crece en músico.

 Si buscas en imágenes de Google “te deum”, la mejor imagen es esta:

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