El guardián entre el centeno. J.D. Salinger
Como Dios no existe, el efecto milagrero de su sucursal (la virgencica) no ejerce y no ha atendido mi petición para “el me quede como estoy”… así que he vuelto al trabajo.
Me he vuelto una floja lectora, o es que no he encontrado algo que me enganche lo suficiente para mover la máquina, así que en tres meses he leído tres cositas: “La reina Margot” de uno de los Dumas (1500 páginas de nada); “La abadía de Nostinger” de mi muy amada Jane Austen que ha conseguido demostrarme que puede tener un suave sentido del humor y para rematar faena “El guardián entre el centeno” de un tal Salinger; obra interesante y todo eso.
No sé por qué compré este libro. Me debía sonar de algo, tanto que en casa hay dos ejemplares: ¿Lo habré comprado dos veces?
Narra la historia de un adolescente americano, sus inconsistencias, sus aficiones, la valoración de su mundo, sus amigos, conocidos, las chicas, los profes… Leer el libro es convivir con una juvenil criatura de 17 años llena de ideas cambiantes pero capaz de querer tiernamente a una hermana pequeña y tener vocación de guardián agazapado entre el centeno para poner a salvo a otros que caminan a un abismo incierto es reconfortante.
Dando tumbos por ahí, navegando, he leído que esta novelita ha sido lectura de cabecera de significados perturbados, es decir, la tonta rebeldía adolescente del protagonista ha podido influir en la conducta asesina de otros adolescentes. ¡Cada día más tontos, sin remedio!
En este intríngulis, comentario arriba, comentario abajo, va Salinger y se muere. ¿Seré gafe?
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