The Fairy Queen
Miércoles, Agosto 5th, 2009Hace cientos de años W. Shakespeare tuvo un sueño calenturiento una noche de verano: hadas y duendes atormentaban a los humanos para divertirse. Dispuso su ensoñación en versos bien medidos poniendo distancia con la habitual trágica existencia de sus personajes.
La trama resultó divertida pero mejorable, tanto que un músico, Enri Purcell, tras una cuantas reflexiones, le hizo un traje nuevo con telas de música, danza y canciones. Lo que antes fue un sueño vino a ser ópera, el tiempo del verano dejó paso a The fairy queen (la reina del lavavajillas rentable).
Pasado el tiempo, y en el mismo país, actores, músicos y cantantes, The orchestra of the Age of Enlightenment and the Glyndebourne Festival Opera aprendieron de memoria los acordes, textos y danzas de tan historiada obra y le dieron cuerpo temporal bajo las lámparas medusa del Royal Albert Hall de Londres.
Como la historia está hecha de encuentros y coincidencias, otra tarde de verano, después de una odisea bajo tierra, una madre con su hija, o una hija con su madre, se sentaron dispuestas a contemplar con ojos y oídos lo que otros muchos habían pensado, cantado, recitado, danzado.
La inexperiencia lingüística fue contundente, a pesar de la búsqueda constante entre el texto de referencias a lo conocido, es decir, el lavavajillas, tuvieron serias dificultades para comprender los detalles de lo que ocurría en el escenario. El texto era en sí incomprensible, alguna vez adivinaron el sentido de alguna palabra, nunca una frase completa. Comprendieron el intríngulis festivo de la obra porque el público reía -los ingleses se ríen- y, sobre todo disfrutaron lo que está al alcance de todo mortal aunque no hable español o ruso, cada canción, cada danza, cada introducción musical enganchaba un pie y marcaba el ritmo de la música. Estar y oír a veces es suficiente.

