Tokio Blues. Haruki Murakami.

busca la relación

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Un blues es una melodía triste. Vuelve a pasar, me engancha una novela exótica, el Japón de los años sesenta, el crecimiento personal de un muchacho que vive solo, que no echa de menos su casa y que planta, en perfecto equilibrio, cara al suicidio de su mejor amigo y sus consecuencias.

Gracia tiene la fluida escritura en tono melancólico, menor, tono blues. Bajo los ojos Murakami Japón no parece tan exótico. He descubierto que tras la máscara un japonés puede ser una persona sentimental, por contra de mis creencias, prejuicios nacidos en películas de guerra donde los “amarillos” ladran ante el enemigo, siempre americano, siempre buenísimo. 

Mientras leo, maqueto el periódico de mi cole, hago ganchillo y trabajo se acercan otras elecciones, otras más. Tengo las tripas revueltas porque es evidente que cada cual barre para su casa utilizando argumentos donde nunca se dice qué harán, cómo influirán sus iniciativas en la vida de los otros, palabras sobre el lío de los aviones, los trajes de Camps, el empleo de la niña de Chaves, el olor a rancio de la derecha, la peste a inutilidad de la izquierda. Todo a gritos, con las pausas exactas para el aplauso y el agitar de banderas.

Es curioso que esta gravísima crisis no eche  a la calle a más gente. Esta mansedumbre ilógica es discordante con la profundidad de la  crisis, o mienten la estadísticas o algo le ponen al agua que nos mantiene adormilados. Lo del agua es pura metáfora, nos aplican lo que ya sabían los romanos, pan y circo, subsidio, fútbol y telecinco.

El Barça gana la liga y la gente pierde el sentido del ridículo, se ponen el disfraz del equipo, la bufanda  y van así al trabajo. No hacen daño a nadie pero siento vergüenza ajena por quien se complace en el rebaño.

La piscina se hunde. En tres años de uso se demuestra que sus pies están huecos y hay que cerrarla para parchearla. Chapuceros. Tengo que inventar algo para hacer deporte además de subir las escaleras de mi casa.

Posiblemente no iré a votar, con su pan se lo coman, nunca iré al fútbol, si tengo suerte y la chapuza tiene remedio sí volveré a la piscina.

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