Cosí fan tutte
Promúsica. Ópera de cámara de Varsovia.
Así hacen todas. ¿De verdad?
Mujeres virtuosas, casquivanas, volubles, inconstantes, caprichosas y mentirosas que se dejan manejar. Hombres estúpidamente malévolos que juegan con los sentimientos ajenos. Hombrecitos manejables. El coro estático, como un eco de lo que en el mundo sucede. Y una sirvienta de dudosa moral.
¿Así hacen todas? Y todos -Aído, reivindica, por dios, que esto es una injusticia manifiesta.
Mozart mastica el chicle durante casi tres horas. El argumento es insustancial o Da Ponte, el libretista que colaboró con Mozart tres veces, era aficionado a la comedia de enredo a la americana y por eso terminó muriendo en Nueva York.
Boquiabierta he quedado al comprobar que Nueva York existía en tiempos de Mozart, en la vida hubiese establecido esa relación.
Comprendo que en la ópera lo importante no es el argumento, nadie habla de la ópera de Da Ponte, todos sabemos que es obra de Mozart.
Buscando una explicación a lo plastas que me parecen estos tíos, doy unas cuantas vueltas de tuerca sobre el cuello, pensando. ¿Por qué son las óperas tan cansinas y largas? En tiempos de Mozart, ¿Cuántas oportunidades tenía el público de escuchar música, cuántas de escuchar ópera? Puesto el traje de espectador, se comprende que quisieran alargar el valor de la entrada hasta donde pudiese llegar la resistencia de los cantantes.
Rentabilizar una entrada es un buen motivo. Cuando yo iba al cine en mi infancia, sesión doble, solía ver dos veces la primera película, para eso, para rentabilizar. Y no me aburría.
La televisión está matando nuestro sentido de la paciencia y ha asesinado valiosos usos. Nos hemos dejado estafar, otra vez.
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