Boda en San Miguel de Murcia
Si escribo poco es porque canto mucho. Boda en la iglesia de San Miguel.
Hace tiempo que no me ofrecía a ir de boda con los del coro, la paga es escasa y la hora de las bodas suele ser intempestiva, coincide con la siesta del sábado o del domingo y desluce el día.
Me animé. Hacía tiempo que quería ver lo que la iglesia de San Miguel tiene de Salzillo, padre e hijo. La visita mereció la pena. Una iglesia pequeña, con retablo barroco de relumbrón y un San Miguel que pisotea a un demonio, envuelto en múltiples espejos. Mi amigo Clemente apunta que esta hornacina de retrovisores fue proyectada por uno de los salzillos y pretende que veamos tanto al ángel como al demonio. Lo mejor de la iglesia, una sagrada familia de Francisco Salzillo.
Nos reímos sotovocce un rato mientras el cura impartía bendiciones y buenos deseos a los contrayentes. La gente andaba como desconectada del evento, los críos hicieron lo que les dio la gana. De agradecer la ausencia de pamelas, que la gente se vistiese de fiesta, sin grandes lujos.
Los contratantes deben de ser familia de fe ya que no aceptaron cánticos profanos. Todo muy serio, muy religiosamente estricto. Unos raros.
Como el mundo es un pañuelo, aparece al día siguiente el párroco de la iglesia, en su condición de responsable de Cáritas. La entrevista hacía referencia a la dramática situación de las despensas de Cáritas, vacías de un tiempo a esta parte. Cosas de la crisis, sí, aquella que no existía.
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