Archive for Febrero, 2009

La catedral del mar. Idelfonso Falcones

Martes, Febrero 24th, 2009

 

No debería leer best seller, son tentadores y luego decepcionantes.  He tenido este libro muchas veces en las manos, en toda librería que pisas, allí está, en pilas inmensas.

Durante meses le he dado esquinazo, me parecía muy caro. Un libro de tanto éxito me provoca desconfianza.

Al final lo compré en una edición barata que dentro de dos o tres años tendrá las hojas amarillas como yema de huevo. Es lo que tiene el papel de mala calidad.

Lo leí rápidamente. Una acción continua, sin florituras literarias: siervos de la gleba, nuevos ricos ambiciosos, viejos ricos decadentes y perversos, inquisidores, putas maternales, juveniles niñas enamoradas de hombre maduro, judíos sufrientes, y un tinte de catalanismo diluido, en un tiempo en que lo catalán, tal como hoy lo vemos, no existía.

En fin, para leer en la playa y olvidarlo rápidamente. Pasatiempos.

Boda en San Miguel de Murcia

Lunes, Febrero 23rd, 2009

Si escribo poco es porque canto mucho. Boda en la iglesia de San Miguel.

Hace tiempo que no me ofrecía a ir de boda con los del coro, la paga es escasa y la hora de las bodas suele ser intempestiva, coincide con la siesta del sábado o del domingo y desluce el día.

Me animé. Hacía tiempo que quería ver lo que la iglesia de San Miguel tiene de Salzillo, padre e hijo. La visita mereció la pena. Una iglesia pequeña, con retablo barroco de relumbrón y un San Miguel que pisotea a un demonio, envuelto en múltiples espejos. Mi amigo Clemente apunta que esta hornacina de retrovisores fue proyectada por uno de los salzillos y pretende que veamos tanto al ángel como al demonio. Lo mejor de la iglesia, una sagrada familia de Francisco Salzillo.

Nos reímos sotovocce  un rato mientras el cura impartía bendiciones y buenos deseos a los contrayentes. La gente andaba como desconectada del evento, los críos hicieron lo que les dio la gana. De agradecer la ausencia de pamelas, que la gente se vistiese de fiesta, sin grandes lujos.

Los contratantes deben de ser familia de fe ya que no aceptaron cánticos profanos. Todo muy serio, muy religiosamente estricto. Unos raros.

Pisoteando al demonio

Pisoteando al demonio

Como el mundo es un pañuelo, aparece al día siguiente el párroco de la iglesia, en su condición de responsable de Cáritas. La entrevista hacía referencia a la dramática situación de las despensas de Cáritas, vacías de un tiempo a esta parte. Cosas de la crisis, sí, aquella que no existía.

Las diabéticas de Antonio Campillo

Viernes, Febrero 13th, 2009

 

Subir sobre la bicicleta se le hacía penoso, aunque fuese para complacer a Antonio. Echaba de menos cuando el escultor amasaba maternidades. La mecedora, el nenuco entre los brazos, los calzos sujetando los balancines, la quietud para que él tuviese tiempo de recoger el instante en que el niño, sostenido en el aire, braceaba, incluso sonreía.

Desde hace algún tiempo, viró hacia lo ciclista. Todo artista pasa por etapas, y mientras más viejo se hacía, más buscaba el movimiento, quizá para compensar la rigidez que se le iba trazando en las articulaciones.

- Vamos, nena, súbete a la bici. Quieta. Echa la pierna izquierda hacia atrás. Así, así. Casi lo consigues. Sube la cabeza.

Pasada media hora tenía el culo y las palmas de las manos dormidas, los codos empezaban a doblarse y un tenue temblor subía desde las plantas de los pies, firmes en los pedales, hasta la rodilla. Antonio, pegote a pegote, copiaba sobre el armazón de alambres su figura rolliza, el gran cuerpo sostenido por piernas de alambre.

No sabía Josefa si aquellos leves temblores eran cosa del bajón de azúcar ante el ejercicio ciclista o de la rigidez del cuerpo. No sabía Josefa si cuando su marido le decía que subiese a la bici, afirmando con convicción que el ejercicio la ayudaría a reducir su glucosa disparada, era un acto de amor o una simple argucia para ahorrarse unos euros en el pago de modelos. No sabía si tanto esfuerzo era un bien en sí mismo o un camino previo a la fama y la eternidad. No sabía, pero se dejaba hacer.

Mi madre, observadora mujer, aunque a veces equivocada, decía que con el tiempo a los diabéticos se les adelgazaban las piernas y perdían la cintura. Lo cierto es que las mujeres que esculpe Antonio Campillo responden a ese esquema. Gallinas de pata fina y cuerpo de globo.

A mí me gustaría que Antonio Campillo me esculpiera antes de morirse, es un deseo imposible, como otros muchos, ya que no doy el tipo, a pesar de los años, sigo teniendo unas piernas como las de Gento.

Cosí fan tutte

Jueves, Febrero 12th, 2009
Cosi fan tutte
Cosi fan tutte

Promúsica. Ópera de cámara de Varsovia.

Así hacen todas. ¿De verdad?

Mujeres virtuosas,  casquivanas, volubles, inconstantes, caprichosas y mentirosas que se dejan manejar.  Hombres estúpidamente malévolos que juegan con los sentimientos ajenos. Hombrecitos manejables. El coro estático, como un eco de lo que en el mundo sucede. Y una sirvienta de dudosa moral.

¿Así hacen todas? Y todos -Aído, reivindica, por dios, que esto es una injusticia manifiesta.

Mozart mastica el chicle durante casi tres horas. El argumento es insustancial o Da Ponte, el libretista que colaboró con Mozart tres veces, era aficionado a la comedia de enredo a la americana y por eso terminó muriendo en Nueva York.

Boquiabierta he quedado al comprobar que Nueva York existía en tiempos de Mozart, en la vida hubiese establecido esa relación.

Comprendo que en la ópera lo importante no es el argumento, nadie habla de la ópera de Da Ponte, todos sabemos que es obra de Mozart.

Buscando una explicación a lo plastas que me parecen estos tíos, doy unas cuantas vueltas de tuerca sobre el cuello, pensando. ¿Por qué son las óperas tan cansinas y largas? En tiempos de Mozart, ¿Cuántas oportunidades tenía el público de escuchar música, cuántas de escuchar ópera? Puesto el traje de espectador, se comprende que quisieran alargar el valor de la entrada hasta donde pudiese llegar la resistencia de los cantantes.

Rentabilizar una entrada es un buen motivo. Cuando yo iba al cine en mi infancia, sesión doble, solía ver dos veces la primera película, para eso, para rentabilizar. Y no me aburría.

La televisión está matando nuestro sentido de la paciencia y ha asesinado valiosos usos. Nos hemos dejado estafar, otra vez.

La buena terrorista. Doris Lesing

Domingo, Febrero 1st, 2009

Cuando llevaba 100 páginas lo dejé apartado porque estaba hasta los mismísimos de Alice.

Viqui me regaló por navidad “Los hombres que no amaban a las mujeres”, el best seller del año, tocho que me tragué en cuatro sentadas, entre otras cosas porque en su simplicidad te arrastra y deja de lado el bailoteo de líneas que me ataca en otros momentos. Pensar y leer al tiempo se me hace cuesta arriba.

El libro de Larsson sería ideal para la playa o la cama si no fuera tan gordo. ¿No existe un invento para sujetar el libro, sin manos, mientras uno está tumbado? Retiro lo de la cama, no tiene efecto somnífero.

Después del paréntesis volví a Doris Lesing, creo que es el tercer libro que leo de ella. Lesing escribe muy bien, flujo de ideas permanente, acción. Hay algo repetitivo en sus novelas, al menos en las que yo he leído, su mundo gira en torno a las mujeres. Nunca hay personajes planos ni tópicos. Recuerdo que en “La buena vecina” quien tira de la trama es una administrativa, papel que en otras manos no pasaría de lo secundario. Es extraordinario que lo vulgar tome cuerpo de novela.

Dejé a Alice porque resulta cansino andar en compañía de una tipa de casi cuarenta años incapaz de ganarse la vida pero lanzada a ser la madre de sus colegas y la mosca cojonera de todos los que defienden su causa. Alice es una Maruja vocacional al servicio de sus compañeros de célula, una criada para todo, una inútil que siempre elige a la persona que puede chuparle la sangre, una imbécil que para alegrarse la vida elige salvar al mundo de sus errores aunque sea matándolos. Lo único que esperas, cuando terminas de leer la novela, es que se muera de asco.

El mundo está lleno de “mesías”, y esta Alice y sus camaradas son el trasunto de tanto militante antisistema y terrorista que, sin haber dado un palo al agua en su vida, se imponen la tarea de llevar de la mano al resto de la humanidad hacia su “maravilloso mundo utópico”, aunque sea a la fuerza.