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	<title>Comentarios en: Pro Música Molina</title>
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	<description>Sobre lo cotidiano</description>
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		<title>Por: Dorrius Beracamano</title>
		<link>http://www.diasdelana.com/wp/2008/10/pro-musica-molina/#comment-39</link>
		<dc:creator>Dorrius Beracamano</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 05 Nov 2008 22:33:56 +0000</pubDate>
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		<description>Estimada Señora, belleza sin par y, con permiso si preciso de su santo, aroma de macasar y perla del canto: aquí Dorrius, su talente admirador lomienhiesto que se acoge a su regazo abracijado y le dirige unas letras con la emoción contenida al soñar con su entramado de por dentro.
La he reconocido en la tercera fila de la foto que publica, junto a un guapo coralista con camisola de arrebol granateado: permítame decirle, joya misteriosa, que sigue usted igual de hermosa que cuando nos conocimos en carne concebida hace ya algunos años y que, como pude comprobar en la Gala que reseña, sigue usted igual de afinada y melodiosa. Sí, porque, en efecto, allí estuve por menester del acto susurrido de escucharle a usted y a sus adláteres, por dejarnos llevar, yo y mi 
acompañante, por el piano, la danza castiza y el bandoneón sureño.
He de decirle que el Membra... resultó muy bien concertado entre todas las cuerdas, demostrando una vez más que el trabajo y el ensayo enriquecen la música coral cuando tienen a bien ser bien dirigidos evitando el estrumpido como efecto primordial. Los solistas, pertinaces y muy pulcros, no llegaron sino a rozar el exterior del mío cardio, un poco fríos y distantes. Ocurre en muchos intérpretes que faltan a la obra original al no comprender la historia de cantata sacra que rodea a la obra. 
Y cuando digo sacra, me refiero a sagrada y santificada, que no puede ser interpretada de una forma impasible y flemática.
Por ejemplo, en Ad Pectus, el Aria:
Salve, salus mea, deus, 
Jesu dulcis, amor meus, 
salve, pectus reverendum, 
cum tremore contingendum, 
amoris domicilium 

tiene que hacernos llegar el dramatismo de la situación orante y no convertirse en un recitativo aséptico y desnudo de emoción, es mi opinión. Las partes corales lucieron con presteza y seguridad y el ecce super montes quedará en la memoria de más de un atento espectador.
Por lo demás, el jovencito pianista cumplió y algo más, la orquesta suficiente, las bailarinas saltaron por aquí y por allá y la milonga argentina resultó un poco fría y deslucida -hubiese preferido algo del Concierto para Bandoneón, de Piazzolla, ya puestos a pedir, aunque para un bien alto sí que llegó el evento. Los discursos oscurecieron un poco la impresión final, sobre todo esa presentadora de la Asociación Promúsica de Molina, que necesita un mucho de dicción y saber estar.

Encantado de saludarla de nuevo, brillante madreperla, ya que coincidir en carne y en abrazos no hemos podido esta vez: aunque leo que asistió usted a la magnífica representación de Las Bodas de Fígaro en versión de Valentín Topencharov y me he quedado a dos velas y medio chasco porque no pude hablar con usted en el Auditorio de Murcia, a pesar de tenerla siempre en mente y en refajo: otro día le contaré más en secreto el porqué me abstuve del contacto telefónico en el momento, de feliz y satisfecho que me sentía al acabar la representación y le daré mi opinión de con qué satisfacción se puede hacer una ópera profesional y meritoria y con pocos decorados.
Siempre a sus pies y subiendo hacia arriba suavemente, por besarla, me refiero: suyo, sandunguero, Dorrius Bracamano.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Estimada Señora, belleza sin par y, con permiso si preciso de su santo, aroma de macasar y perla del canto: aquí Dorrius, su talente admirador lomienhiesto que se acoge a su regazo abracijado y le dirige unas letras con la emoción contenida al soñar con su entramado de por dentro.<br />
La he reconocido en la tercera fila de la foto que publica, junto a un guapo coralista con camisola de arrebol granateado: permítame decirle, joya misteriosa, que sigue usted igual de hermosa que cuando nos conocimos en carne concebida hace ya algunos años y que, como pude comprobar en la Gala que reseña, sigue usted igual de afinada y melodiosa. Sí, porque, en efecto, allí estuve por menester del acto susurrido de escucharle a usted y a sus adláteres, por dejarnos llevar, yo y mi<br />
acompañante, por el piano, la danza castiza y el bandoneón sureño.<br />
He de decirle que el Membra&#8230; resultó muy bien concertado entre todas las cuerdas, demostrando una vez más que el trabajo y el ensayo enriquecen la música coral cuando tienen a bien ser bien dirigidos evitando el estrumpido como efecto primordial. Los solistas, pertinaces y muy pulcros, no llegaron sino a rozar el exterior del mío cardio, un poco fríos y distantes. Ocurre en muchos intérpretes que faltan a la obra original al no comprender la historia de cantata sacra que rodea a la obra.<br />
Y cuando digo sacra, me refiero a sagrada y santificada, que no puede ser interpretada de una forma impasible y flemática.<br />
Por ejemplo, en Ad Pectus, el Aria:<br />
Salve, salus mea, deus,<br />
Jesu dulcis, amor meus,<br />
salve, pectus reverendum,<br />
cum tremore contingendum,<br />
amoris domicilium </p>
<p>tiene que hacernos llegar el dramatismo de la situación orante y no convertirse en un recitativo aséptico y desnudo de emoción, es mi opinión. Las partes corales lucieron con presteza y seguridad y el ecce super montes quedará en la memoria de más de un atento espectador.<br />
Por lo demás, el jovencito pianista cumplió y algo más, la orquesta suficiente, las bailarinas saltaron por aquí y por allá y la milonga argentina resultó un poco fría y deslucida -hubiese preferido algo del Concierto para Bandoneón, de Piazzolla, ya puestos a pedir, aunque para un bien alto sí que llegó el evento. Los discursos oscurecieron un poco la impresión final, sobre todo esa presentadora de la Asociación Promúsica de Molina, que necesita un mucho de dicción y saber estar.</p>
<p>Encantado de saludarla de nuevo, brillante madreperla, ya que coincidir en carne y en abrazos no hemos podido esta vez: aunque leo que asistió usted a la magnífica representación de Las Bodas de Fígaro en versión de Valentín Topencharov y me he quedado a dos velas y medio chasco porque no pude hablar con usted en el Auditorio de Murcia, a pesar de tenerla siempre en mente y en refajo: otro día le contaré más en secreto el porqué me abstuve del contacto telefónico en el momento, de feliz y satisfecho que me sentía al acabar la representación y le daré mi opinión de con qué satisfacción se puede hacer una ópera profesional y meritoria y con pocos decorados.<br />
Siempre a sus pies y subiendo hacia arriba suavemente, por besarla, me refiero: suyo, sandunguero, Dorrius Bracamano.</p>
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