Pro Música Molina

El 18 de noviembre cantamos en el Villa de Molina. Una parte de la inauguración de la temporada de Pro Música Molina fuimos nosotros, bajo la batuta de Virginia Martínez.

Buxtehude y su Membra Jesu Nostri fue la excusa para ensayar durante dos meses.

Así que, aunque había reservado mi entrada por si acaso se olvidaban de nosotros hasta cinco minutos antes de la actuación, me sirvió de poco.

Como es tradicional en Molinica el acto empezó tarde, veinte minutos de cortesía, en el fondo es dar la oportunidad al público para hacer vida social.

Escuché los discursos de rigor. La presidenta de la asociación con su habitual luck de maja goyesca aunque siempre se le olvida la redecilla para recoger la melena, la concejala de cultura, resultona hembra, que además de decir las habituales generalidades políticas (encantada estoy de estar aquí con vds posibles votantes) con una voz cazallera que pone en evidencia su necesidad de un tratamiento foniátrico urgente, del hermano de la presidenta que publicita la nueva temporada. Eché en falta el discurso del alcalde que debería andar por el congreso regional del PP. Después de tanta palabra vino la música, se dignaron dar paso a la orquesta municipal.

Me he reafirmado en la convicción de que las interpretaciones de la orquesta municipal “Hims Mola” están predeterminadas por el apellido de su director. Su música siempre recuerda a verdes céspedes sobrevolados por pajarillos deslumbrados por un sol tierno.

Cuando Céspedes y sus músicos terminaron la primera pieza no quedó otra que salir corriendo hacia la concentración del coro con la hora más que cumplida.

El sótano del miedo y la incomodidad. Ni una silla para aguantar la espera, bancos de gimnasio hechos de tablas que se te clavan en el culo y en los que no caben más de veinte personas (nosotros somos unos sesenta).

Pilar, además de dirigir el calentamiento se empeñó en reensayar hasta el aburrimiento partes que creía flojas. Todo maestro sabe que estudiar justo antes del examen es contraproducente. Los conocimientos hay que dormirlos para que se asienten. Tengo la sensación de que ella conjura sus nervios machacando la chuleta hasta el último segundo.

Manolo andaba como un zombi, silencioso, dando tumbos alrededor nuestro. Los solistas desarrollaban sus hábitos de concentración embutidos en trajes de gala.

Las bailarinas de “Entredanzas” como centellas, taconeando hacia sus cambios de vestuario. Los otros intérpretes entraban y salían. Sentí perderme las obras de Piazzola.  Llevo mal los encierros.

No puedo ofrecer crítica musical sobre lo que no vi. La opinión de “S”, mi hermano y otros amigos presentes puede ser poco objetiva. La crítica musical oficial que suele opinar en los diarios murcianos no se dignó asistir.

Yo canté a gusto, bajo las enseñanzas expresivas de alaridos cabeceros de Dña Olga y entre dos almohadas muy cómodas: Maxi y Fuensanta, Fuensanta y Maxi que siempre se lo han estudiado todo al dedillo, dos fieras del canto que son la mejor compañía, aunque haya que aguantarle los codazos a Fuensanta que no pasa ni una.

 

Digresión relacionada con los discursos.

Las actividades musicales de Molinica siempre tienen un discurso, si hay suerte, aunque lo normal es que sean varios. Debe ser que estamos en un estadio inferior de evolución ligüística , aún no hemos llegado a la escritura, seguimos anclados en la cultura oral.

Mi coro, plagado de maestros con afán didáctico, no se libra de la costumbre y siempre que cantamos damos la paliza al público con aquello de “nace la coral polifónica municipal…”

¿Necesita la música de discursos?

 

Club del alarido

así queda una partitura después del ensayo

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One Response to “Pro Música Molina”

  1. Dorrius Beracamano Says:

    Estimada Señora, belleza sin par y, con permiso si preciso de su santo, aroma de macasar y perla del canto: aquí Dorrius, su talente admirador lomienhiesto que se acoge a su regazo abracijado y le dirige unas letras con la emoción contenida al soñar con su entramado de por dentro.
    La he reconocido en la tercera fila de la foto que publica, junto a un guapo coralista con camisola de arrebol granateado: permítame decirle, joya misteriosa, que sigue usted igual de hermosa que cuando nos conocimos en carne concebida hace ya algunos años y que, como pude comprobar en la Gala que reseña, sigue usted igual de afinada y melodiosa. Sí, porque, en efecto, allí estuve por menester del acto susurrido de escucharle a usted y a sus adláteres, por dejarnos llevar, yo y mi
    acompañante, por el piano, la danza castiza y el bandoneón sureño.
    He de decirle que el Membra… resultó muy bien concertado entre todas las cuerdas, demostrando una vez más que el trabajo y el ensayo enriquecen la música coral cuando tienen a bien ser bien dirigidos evitando el estrumpido como efecto primordial. Los solistas, pertinaces y muy pulcros, no llegaron sino a rozar el exterior del mío cardio, un poco fríos y distantes. Ocurre en muchos intérpretes que faltan a la obra original al no comprender la historia de cantata sacra que rodea a la obra.
    Y cuando digo sacra, me refiero a sagrada y santificada, que no puede ser interpretada de una forma impasible y flemática.
    Por ejemplo, en Ad Pectus, el Aria:
    Salve, salus mea, deus,
    Jesu dulcis, amor meus,
    salve, pectus reverendum,
    cum tremore contingendum,
    amoris domicilium

    tiene que hacernos llegar el dramatismo de la situación orante y no convertirse en un recitativo aséptico y desnudo de emoción, es mi opinión. Las partes corales lucieron con presteza y seguridad y el ecce super montes quedará en la memoria de más de un atento espectador.
    Por lo demás, el jovencito pianista cumplió y algo más, la orquesta suficiente, las bailarinas saltaron por aquí y por allá y la milonga argentina resultó un poco fría y deslucida -hubiese preferido algo del Concierto para Bandoneón, de Piazzolla, ya puestos a pedir, aunque para un bien alto sí que llegó el evento. Los discursos oscurecieron un poco la impresión final, sobre todo esa presentadora de la Asociación Promúsica de Molina, que necesita un mucho de dicción y saber estar.

    Encantado de saludarla de nuevo, brillante madreperla, ya que coincidir en carne y en abrazos no hemos podido esta vez: aunque leo que asistió usted a la magnífica representación de Las Bodas de Fígaro en versión de Valentín Topencharov y me he quedado a dos velas y medio chasco porque no pude hablar con usted en el Auditorio de Murcia, a pesar de tenerla siempre en mente y en refajo: otro día le contaré más en secreto el porqué me abstuve del contacto telefónico en el momento, de feliz y satisfecho que me sentía al acabar la representación y le daré mi opinión de con qué satisfacción se puede hacer una ópera profesional y meritoria y con pocos decorados.
    Siempre a sus pies y subiendo hacia arriba suavemente, por besarla, me refiero: suyo, sandunguero, Dorrius Bracamano.

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