Literatura infantil
No piensen que he apagado la máquina de leer.
Soy tan jilipollas que, en octubre, antes de poner en marcha el plan de lectura de los nenes, leo todo lo que va a pasar (obligatoriamente) bajo sus ojos. Veintisiete libros en diez días, eso sí, de literatura infantil.
La biblioteca de clase tiene muchos más ejemplares, selecciono los más adecuados y no dejo a la voluntad de los churumbeles el acto de leer, les obligo e intento controlar que lo hacen. Les exijo resumen y comentario, cosa que les fastidia bastante. Es la forma de asegurar lectura y no sólo paseo de libro. Esto es imposible si previamente no los leo yo.
En este mundo que les ha tocado en suerte, leer es a masticar almendras como ver la tele es a comer papillas. La tele te alimenta pero no deja de ser bazofia. Las almendras son deliciosas, energéticas, dulces, incluso puedes tener la suerte de que te toque una bien amarga. Leer exige esfuerzo.
Le tengo devoción a la literatura infantil. Aquí hay libros que son pequeñas joyas y otros que son un auténtico atentado contra la inteligencia infantil. Es importante que el libro tenga humor, emoción, coherencia lógica -aunque sean de género fantástico-, vocabulario rico, variado y novedoso, ritmo narrativo, información interesante o música verbal. Todo ello junto o por separado.
Al final la lectura compartida hace hábito y se pone en marcha el intercambio de opiniones y valoraciones propias, un acicate para próximas lecturas. Sólo es cuestión de empezar y comprobar que leer no es un acto tan dramático como lo pintan.
Los mejores: Aventuras de Picofino, Buzón de Lobito (el ), Casa de los días (la), Casa del árbol (la), Chis y Garabís, Diecisiete cuentos y dos pingüinos, En el corazón del bosque, En mi casa hay un duende, Eric el enclenque, Juana calamidad/ hombre lobo, Mágica radio, Mi amigo el unicornio, Palacio de papel (el), Patatas fritas, Simbad, el niño, Superhéroes no lloran (los), Todo marcha sobre ruedas, Ultimo elefante blanco (el), Vampiro vegetariano (el).
Los demás quedan dentro del plan de lectura, que los churumbeles tienen derecho a saber que la mala literatura existe, a través de la experiencia uno va construyendo el propio criterio.
El paciente lector de la imagen está anidado en esta página.
http://www.zonalibre.org/blog/placebo/archives/cat_placebo.html
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