Buenas palabras

Insulta que algo queda

No supieron  ver los políticos extremeños la buena intención del concejal de Torredembarra al proponer “Apadrina un niño extremeño” en su blog y respondieron  endemoniados con palabras hirientes:

 -Cateto, aldeano, hace falta ser un auténtico hijo de puta.

 El edil torrenc intuyó que se sentían ligeramente molestos y pidió disculpas por lo que él calificó como broma.

Apareció el tercero en discordia, un tal Puig, diputado de Esquerra que se hizo famoso por bañarse -documentación en la boca- en la piscina de un tal Pedro Jota, largando lo que debería callar y dijo  a los extremeños mal nacidos y desagradecidos. Hay algunos especialistas en poner paz que se deberían dedicar a la diplomacia.

 ¿Es un aldeano peor que un villano o un ciudadano?¿Es el cateto peor que la hipotenusa? ¿Hay que agradecer lo que se recibe por ley?

A lo que iba, me centro, observen que todos los contendientes son tíos y políticos,  que podrían andar pensando en estrategias para salir de la crisis inexistente, alguna ley eficaz para reducir la muerte de mujeres, en fin, algo útil, aunque fuera sólo algo. ¿Se ganan estos tíos el sueldo?

A esto se suma su inquietante su falta de recursos lingüísticos propiamente masculinos.Mentarle la madre a uno es hábito de patio de colegio propio de personas a las que falta lectura y madurez.

Analicemos sus palabras:

 Hijos de puta: hijos de mujeres con recursos más físicos que intelectuales que en su estupidez se quedan preñadas involuntariamente en el ejercicio de su profesión. Se descalifica al hijo en tanto hijo de su madre. La masculinidad queda impoluta y a salvo de desprestigio.

Malnacido: sujeto al que su madre no ha sabido dar a luz correctamente, víctima de la falta de habilidad paritoria de la señora.

Apadrinar: término positivo que supone la tutela generosa de alguien, viene de padre. ¡Oh, el héroe!

Insultos y descalificaciones de, por y para machos existen, un tal Pancracio Celdrán ha recopilado pacientemente unos cuantos miles en un libro publicado hace poco, pero en su ignorancia supina estos sujetos echan mano de lo fácil, lo que se ajusta a sus recursos intelectuales.

Aquí falta inteligencia y lectura, sobra tiempo libre y se echa de menos la intervención de Doña Bibiana  exigiendo que se dijeran cosas como picha floja, maricón,  mangurrián u ornitorrinco, dejando a las madres en paz.

Fastidia bastante saber que a estos sujetos les pagamos nosotros, todos, y además con tanta diatriba he perdido la oportunidad de que me apadrinen con efecto retroactivo, según el cuarto de sangre extremeña que tengo.

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