Paolo Conte
Escucha esto, seguro que te suena.
A final de junio me llama la churumbela:
-Mamá, Paolo Conte actúa en Madrid.
La cosa viene de lejos, camino a Burgos el verano pasado, la copilota y yo no escuchamos casi otra cosa, consenso madre hija. Yo huía de los Piratas y ella de Radio Clásica.
No le dije nada pero compré las entradas. Fila ocho, 24, 22. Me derretía de entusiasmo, les conté a mis amigos, parientes y bienhechores la felicidad por el evento y ellos me pagaron con la más absurda indiferencia. Lo que es la ignorancia.
Los nervios que he pasado para llegar a Madrid con el Fiat eran al mismo tiempo reales y también la ceremonia previa para conjurar los peligros de la conducción autónoma. En estos momentos me como Madrid con tomate.
El concierto se me hizo corto. Unos doce bises habrían completado la faena, en eso fue tacaño y nos regaló sólo dos. Cantar cansa y D. Paolo es un venerable anciano con un fondo de armario musical envidiable.
Elenita me prohibió bailar en el asiento presa de un ataque de vergüenza ajena. La gente se puso morada a cervezas y vinos, en Madrid todo concierto va asociado a una barra cervecera. Nos cruzamos con Pedro Almodóvar y no hemos mejorado como personas, prueba de que aún no ha llegado a santo.
Al siguiente día (esta es una expresión habitual en los escritores de menos de quince años) un bloguero del “Mundo”, lanzó su crítica repelente:
http://www.elmundo.es/elmundo/2008/07/26/rockandblog/1217035050.html
ES un consuelo comprobar que en los comentarios lo ponen un poquico a caldo.
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