Museo del Traje

bajo la faldaSi te gusta jugar con hilos y telas, si sientes curiosidad por cómo se vestían nuestros tatatatatatatatatatatarabuelos… este es el lugar.

http://museodeltraje.mcu.es/index.jsp

Además de ver la vestimenta de siglos pasados, comprobarás la suerte inmensa que es vivir en este siglo bajo la tiranía de la moda vaquera y la camiseta de algodón, lejos de golillas, miriñaques, polisones, corsés y otras armas de tortura que disfrutaban los nobles  y ricos de toda época pasada. Cada una de estas prendas es una cárcel, una atadura contra el trabajo físico. Embutidos en tanta tela y armazón difícilmente se podía trabajar. Lo que importa es la apariencia (más o menos como ahora, el mundo camina lento en lo básico), un vestido tiene carácter de símbolo del estatus social y de posesión.

Para este trabajo sólo hay hacen falta herramientas sencillas y unas manos precisas:

La costurera, puntada tras puntada, encorvada, hilvanado, sujetando con alfileres, pespunte a pespunte, poniendo marcas, bordados, cristalitos brillantes, lazos, sobre el grueso tejido. Un trabajo duro con un final hermoso que,  posiblemente, ella nunca podría lucir. La máquina de coser no existió hasta el siglo XIX.

El reparto de bienes en el mundo suele ser desigual, injusto desde la ingenuidad del “cursiprogre” (palabra usada por un ciezano con blog: Antonio F. Marín). Para más información sobre la naturaleza de este sujeto visitar el blog del ciezano.

Y abundando en el razonamiento igualitario (no hay quien me pare),  de los ropajes de los pobres poco se muestra en este museo tan coqueto, sólo lo dedicado a los trajes regionales y de faena. Posiblemente las gentes de estas épocas no tenían más de un ato que se iría a la tumba con ellos o pasarían en herencia a alguien de su tamaño y constitución, no estaba la economía para tirar nada.

Corsé aplastador del busto. Armadura ligera. Miles de tachuelas te ponen a salvo de traicionersas cuchilladas.

Merece la pena jugar un rato en la sección didáctica. Ahí te podrás poner miriñaque y polisón, golilla y corsé, para que valores lo que te has perdido o lo que has ganado.

 

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