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Teología patatera (Dios y el trabajo)

Viernes, Junio 27th, 2008

dios vengatriz

 

Según las monjitas de la Sagrada Familia, responsables de mi formación religiosa, el dios castigó a las personas a trabajar sin redención por aquello de la manzana y la serpiente, Eva por medio, Eva había de ser y no Adán, por instigadora, la abuela tuvo doble premio, trabajar sin fin y parir con dolor. ¡Machista de los C…!

Justicia o injusticia aparte de la medida punitiva (¿qué es una manzana en el devenir de la prehistoria?), claro está que el divino no conoce la  indulgencia,  el  Dios hacía,  a través de su creación paradisiaca, propaganda  salvaje a favor del ocio, del  no hacer nada (“dolce far niente” para los italianos).

Añoramos, teóricamente, desde entonces, el estado natural humano.

Según parece el orden del día del humano del “jardín del edén” era  mirar el cielo y el deslizar de las horas, los días, las nubes, el agua en los torrentes, el movimiento de las hojas de los árboles para después recoger frutos sabrosos que, por intercesión divina, nacían de los árboles, abrir la boca y comer sin esfuerzo … el apartado “ruegos y preguntas estaba por inventar.

No sé por qué muchos ven en la manzana una metáfora del sexo. Es decir, la manzana no fue manzana, fue polvo. Somos proclives a  fantasear tejemanejes sexuales apartando las fantasías alimenticias –mucho más prosaicas y prácticas. Creo que, desde el punto de vista de la conservación de la especie,  es más importante comer que follar.

Identificar manzana y sexo es reconocer que aquí se folla poco y mal  porque uno añora lo que no tiene. Uno añora lo que no tiene, piensa  y habla más de ello. El papel de la serpiente es pura excusa y manía a las serpientes de algún obseso timorato.

Estoy convencida de que el castigo divino no fue consecuencia de un polvo mal echado.

Hipótesis: Eva, después del polvo, cogió una manzana y se la comió.  encontró la semilla que enterró sobre un colchón de tierra mullida. Resultado, consiguió un manzano mejor que el del Dios. Plantar, conseguir que el manzano floreciese y diese fruto fue su pecado.

El dios se ofendió ante la osadía de Eva que con su acto mostró ambición e inteligencia para manipular lo que a su alrededor había, buscarse la vida y pasar de lo divino. Al Dios, temeroso de su propia creación (de segunda, costilla de Adán), pusiera en evidencia el fallo fundamental del paraíso, era un lugar donde abundaban los frutos gratuitos y también una eterna sensación de aburrimiento platanero, no le quedó otra que castigarla.

Esta naturaleza divina, temerosa y vengativa, aún nos acogota y amenaza – se lo cuenten a las casi treinta víctimas de este año… este dios vuestro es una fantasía muy masculina, y no es odie el sexo, aborrece la inteligencia y la independencia.

 

Está claro que necesito unas vacaciones.