MEDICAMENTOS

Tengo un papiloma plantar, recogido seguramente en la Santiago Vidal. Es pequeñajo y duro. Me he decidido a terminar con él antes de que desarrolle su puñetera culebrilla en el pie y la cosa vaya a más. Intento evitar el fastidio de aparcar mis tacones de diez centímetros.

El tratamiento es bien sencillo. Pillas al papiloma distraído en el pie, lo acorralas entre esparadrapo, lo bañas con verruguicida y según va agonizando, lo rebanas con ayuda de un bisturí. Paciencia, y días después has terminado con él.

Necesitaba una herramienta para llevar a cabo mi plan así que pasé por la farmacia del barrio de Corea para comprar el bisturí. La cola llegaba a la calle, cosa normal en esta instalación sanitaria y comercial.

El farmacéutico, un tipo campechano, y sus mancebos –unos seis- dan conversación a los clientes mientras despachan. Te explican c por b los detalles de la aplicación del medicamento, te pregunta por la salud, la de tus hijos y parientes, se preocupan por tu economía al recomendar genéricos antes que medicina de marca, incluso te cuentan sus experiencias con pócima similar. Así la cola se extiende como culebrilla de papiloma.

Esperando, observo, espío a los clientes. Una señora con niño preadolescente entrega un libro de recetas rojas, color de pensionista: Once en total. El mancebo sale minutos después con una torre de cajitas, tiene que recortar los precintos, pegarlos con cello en la receta, insacularlas, entregar a la señora, preguntar por la salud del enfermo, no cobra nada –los pensionistas no pagan.

Al menos éste va amortizando sus aportaciones a la Seguridad Social, aunque sea a costa de tener una salud lamentable, magro consuelo.

Nota histórica, posiblemente falsa.

Corea es el nombre no oficial, Molinica era un pueblo dado al mote, creo que se está perdiendo, del barrio de San Miguel. Cuando yo era pequeña, este barrio estaba en las afueras de Molinica. Hablamos del tiempo cercano a la guerra de Corea en los años cincuenta, país lejano, exótico, allí donde San Ignacio de Loyola perdió la sandalia y que era centro de las noticias, supongo, yo aún no había nacido. Vivir en ese barrio era como vivir en la otra parte del mundo. Humor molinero.

Utilizar el término insacular es pedante. Es un homenaje a quien tiene ovos de usar palabras nuevas y teóricamente caducas, aunque se equivoque.

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