Lista de espera
Sábado, Abril 19th, 2008
Hay algo anómalo en mí. Llegan las vacaciones y me pongo mala. Físicamente enferma.
El segundo día de las vacaciones tenía un ligero lumbago. Ya no hago caso a mis leves dolores. Convivo con ellos estrechamente y les tengo confianza.
El quinto día no me pude levantar. Tenía incrustada una espada en la espalda, clavada en las lumbares. Mi doctora de la SS, como es lenta, quince días después de tomar posesión tenía un retraso acumulado de una semana, es decir, pides cita el día 23 y te dan para el 30.
Automedicación: miolastan, ibuprofeno y protector del estómago. . Soy una experta.
Flotas colocada. ¡Guau! ¡Guau! Seguro que el ibuprofeno disuelve las espada antes de salir para Roma. Tres días después, luchando con el “Super” para poder moverme como una viejecita por casa, con la espada pinchando y si solución.
Mis billetes para Roma sobre la estantería.
Medidas extremas: la médica allí en la lejanía, recurro a los amigos. Vía internet le pregunto a un conocido, médico, qué puedo tomar. Quita el ibuprofeno y pon diclofenaco.
Mano de santo, oye. Me hice Roma en su compañía y conseguí curar, parcialmente, ya que tuvo otras repercusiones que no voy a explicar aquí porque son demasiado íntimas y sangrientas.
Molinica, como siempre, es mi pueblo, me acogió la doctora estaba allí, esperando mi visita:
- Vengo a toro pasado, ya no me duele nada pero necesito su consejo le dije.
He vuelto a tratar a los médicos de vd. porque entiendo que ellos, como a mis colegas, se les ha complicado la vida, y últimamente son abofeteados por pacientes impacientes e iracundos. Ella, en mis tres minutos, que alargó hasta ocho (gracias, gracias), me reenvió al servicio de ginecología.
Ya sé que existe el servicio de urgencias, pero un lumbago no es una urgencia, es sólo cuestión de química e inmovilidad.
“Al César lo que es del César”, me dan cita para el tocólogo para dos días después. ¡Oh, milagro! ¡Leches!