Hipocondria
Lunes, Abril 21st, 2008Cuando yo tenía diez años, Doña Anita se puso muy mala. Lloraba por los rincones y después daba alaridos de dolor. Las vecinas entraban como duendes en casa, secreteaban con ella cogiéndole la mano y quitándonos de enmedio. Al rato mi padre venía en la Vespa, escapado del trabajo, y llamaba a D. José F.
- Todo son nervios decía el doctor a mi padre, y se curaba en salud echando un vial de Buscapina en las venas de mi señora madre.
La Busca “penas”, localizaba el foco penoso, hablaba con las penas allí reunidas y las dejaba dormidas. Efecto seda, al rato a doña Anita había vuelto a su natural agrio a la par que amoroso.
Lo que había empezado como un dolor ocasional tomó aposento permanente en mi madre y en mi casa. El doctor insistía en la cosa nerviosa:
- Anita ¿te has tomado la tila?, estás muy nerviosa le ponía el buscapinazo y se marchaba.
Nunca supimos cómo pero llegó un momento en que nos dijeron que iban a operar a la mamá. Me convertí en ama de casa durante veinte días, mientras ella estuvo en el hospital.
Los nervios de mi madre, eran distintos a los del resto de los mortales, cincuenta y seis para ser exactos, duros como piedras, redondos, verdosos, y estaban en la vesícula biliar. Extraño lugar para el sistema nervioso. Ella los trajo en un frasquito de cristal.
Mi madre era una mujer rara hasta en eso.



