Castigos
Noticia del 20minutos (ya sé que este no es un periódico serio) acerca del aumento de las bajas por depresión de los maestros de la región (pareado). Yo cada día me deprimo menos porque mi trato con los alumnos de la ESO se limita al saludo por los pasillos. Este relato es poca cosa con lo que en la ESO te puede pasar.
- ¡Ah! Eres tú, la maestra de mi hijo.
Esto ocurre un viernes a las dos de la tarde, el hombre no me conoce porque cuando debía venir a recoger las notas de su hijo en navidad mandó a la hermana mayor de mi alumno, una chica de 15 años. La persona más adecuada para este fin. Yo tengo ganas de irme a casa, es tarde, tengo hambre y la semana se ha terminado. Y allí está, el espontáneo, el ácrata que se pasa por el forro mi horario oficial de atención a los papás.
- Sí, dime. ¿Qué pasa?
El hombre me mira de mala manera y es evidente que tiene reclamaciones que hacer.
- Es que has castigado a recoger papeles a mi J en el patio, y a mí me parece mucho castigo. Además le has mandado al pasillo diez minutos.
- A mí no me parece tanto castigo. Es que tu hijo no se calla en mi clase, es incapaz de pedir la palabra, no respeta las normas, es impulsivo. Es sordo a una norma que los demás sí entienden. He llegado a este castigo después de haberle llamado la atención sobre ello unas cuatro o cinco veces cada día justifico mi maldad.
- A mí me parece mucho castigo. Para limpiar el patio ya están los de la limpieza.
- Ya te he explicado las razones, a mi me parece un castigo más que llevadero.
- Pero, es que me parece mucho castigo.
- Bien, hazme alguna sugerencia, ¿cómo lo castigarías tú?
- No sé, pero me parece mucho castigo.
Ejercí el don de la paciencia decribiéndole otras opciones de castigo:
A.- Ayudar a otro a hacer sus tareas:
Anti A. porque entonces mi niño pierde el tiempo y además esa es tu obligación. ,
B.- Quedarse sentado en la oficina, mirando como muevo papeles, es decir, aburrirse soberanamente.
Anti B.- No porque necesita tomar el aire y estar con sus amigos. Un crío no puede estar sin jugar.
C.- Escribir cien veces “guardaré mi turno de palabra”.
Anti C.- Este castigo es el que me ponía a mí doña Dorita en el Colegio y mira, terminé odiando la escuela y no pasé de cuarto. Estoy de acuerdo con él que es un castigo antiguo y fastidioso.
D.- Dejarlo pasar, mirar para otro lado aunque fastidie dos de cada tres clases.
Sí D.- Esta es la que más le gustó, aunque tuvo la prudencia de lavarse las manos no diciéndolo claramente. “Bueno, al fin y al cabo es un crío”
Pero no la que más me gusta a mí que soy como el zorro justiciero de mi clase y estoy allí para defender el bien común.
A las tres de la tarde aún seguía insistiendo en la crueldad del castigo y en que aquello sería la razón para que su hijo llegase a odiar la escuela.
Pues bien, que la odie. Qué le vamos a hacer, peor será que odie al capullo de su padre, aunque quizá lo haga si es lo bastante listo para darse cuenta del valor real del favor que le hacía su padre.
Esto me trae al recuerdo a mi señora madre, una señora muy dura, que decía algo tan sabio y, hoy, tan políticamente incorrecto: “niño mimado, niño estropeado”
Cada día le doy más la razón a doña Anita.
Mañana empiezan las vacaciones de Semana Santa. ¡ooooh!
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