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Puntualizaciones canarias

Domingo, Febrero 17th, 2008

 

¿Qué es más importante en un auditorio, lo visual o lo sonoro?

 

El auditorio de Tenerife, visualmente es pre-cio-so, como diría mi alumno Marco A. Por dentro y por fuera. Puesta a desvariar sobre la sala sinfónica, puedes imaginar que eres la semillita de una papaya gigante a la que abanica un órgano iluminada por la luz que deja pasar una cáscara de huevo. Aquí no se apaga la sala en las actuaciones.
 

 Y, como nada ni nadie es perfecto, no puedo evitar las comparaciones (ya sé que son odiosas) y  puedo constatar la enorme joya que es el Víctor Villegas en cuanto a sonido. Y es que  en el  auditorio de Calatrava te  pesa la orientación del asiento,  escuchas mejor cuando el cantante se dirige a la zona del público en que tú te encuentras. Esto no pasa ni en el más escondido rincón, ni en la peor localidad  del auditorio de Murcia. Da igual donde te pongas, el sonido es siempre pleno y si cierras los ojos puedes fantasear que el músico está a tu lado.
 

Tosera canaria:

El club  de los tísicos tiene su sector isleño y ofreció una espontánea y nutrida actuación en el auditorio de  Tenerife para acompañar a Doña Cecilia. El público tinerfeño le pone mucha espontaneidad sonora, casi pasión,  al acto de toser. Participan así de las arias, los recitativos, todo el concierto, eso sí que es sentido de la democracia solidaria.

 

Famosos:
Coincido con Fernando Argenta en el concierto de la Bartoli. En el descanso no para de hablar con gente, o tiene muchos amigos canarios o el personal no puede resistir la tentación de rozarse con un famoso. Fernando Argenta es tan feo al natural como en la tv, podemos descartar eso de que no le quiere la cámara. Fernando Argenta es el hombre que durante años ha hecho Clásicos Populares en Radio Nacional y El Conciertazo en la 2.
 

Y a vueltas con la Bartoli, sé, gracias a mi amigo Solidario e Inquisitivo,  que ha actuado también  en Valladolid. Me ha dado tiempo suficiente para hacer mi propia Bartoli, y digo como  Picasso sobre Gertrude Stein, con el tiempo se parecerá al dibujo (jeje, no se puede tener la moral más alta).

Una crítica al concierto de Valladolid   Aquí

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Reconozco que el dibujo me ha salido un poco basto. Sorry.

El club de los tísicos

Domingo, Febrero 17th, 2008

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El silencio es algo incompatible con un concierto por razones obvias. La música es sonido.
Los conciertos tienen sus normas, los músicos deben ofrecer el sonido y el público el silencio. Una norma básica que se suele respetar. Los miembros de la Asociación Promúsica de Murcia cumplen muy bien. Muy controlados, ellos,  y nosotros, callamos durante las actuaciones y en cada intervalo, aunque no se aplaude porque no toca y si lo hicieras romperías el ambiente  maravilla musical, se tose rabiosamente, se descargan las tosecillas y picores de garganta acumulados para después construir un silencio puro.

Miguel Ángel Pérez Espejo, con su aspecto de empollón menudito, es un violinista desapasionado pero muy exacto, maravilloso. El 15 de febrero actuó para Promúsica compensando su intervención del curso pasado por enfermedad. Y otra vez se jodió el invento.
Di la nota, lo reconozco, me picaba la garganta desde la mañana, llevaba una bolsa de caramelos y la tradicional botella de agua que no sirvieron para nada: tos, tos, tos, a intervalos regulares, cada cinco minutos, tierra trágame, embozada en mi pañuelico colorado para atenuar mi ruido. En el intermedio salí huyendo y nos fuimos. Una es así, respetuosa.
 

La actitud del público como constructores de silencio varía mucho:
 

Promúsica: Un público pulcro y exacto, el club de los tísicos se controla  y llama la atención su regularidad en la alternancia, música, coro de toses.
 

Abono sinfónico: Un grupo mucho más numeroso y relativamente disciplinado,  oirás toses cuando las orquestas se lanzan a los tuttis, con la escandalera de la percusión y el viento metal no oyes ni tus propios pensamientos. Solos, pianos y pianísimos son rotos por algún incontrolado que no puede resistir el prurito de la garganta y se lanza con toses provocativas contra la sección de talibanes melómanos. Nunca han llegado a las manos, pero falta poco.
 

Semana Grande: Público despendolado, puede pasar cualquier cosa, desde la  señora menopaúsica, taca, taca, con el abanico, hasta un sujeto que habla de fútbol con su compañero porque se aburre y unos cuantos pelacaramelos a los que les han dicho que está muy feo toser y echar gargajos en las calvas de delante, pero nadie les ha informado del natural escandaloso del papel celofán. Creo que es la consecuencia del regalo de entradas que hace Cajamurcia, lo que cuesta poco, poco se aprecia.
 

Posiblemente intentaré escuchar con más calma y en mejores condiciones (mías)  a Pérez Espejo.
Para compensar la pérdida cenamos en “Los Pequeños” las tradicionales berenjenas rebozadas. Algo es algo.