Tenemos que hablar de Kevin. Lionel Shriver
Domingo, Febrero 24th, 2008
Un libro de Lionel Shriver comprado en uno de mis típicos arranques consumistas en la librería del Eroski. Según mi “S”, cuando voy de compras el libro es la guinda que da sentido al acto de comprar.
Este Kevin no es Kevin kostner de Jesús, conste.
Me costó lo mío pasar de la página 100. Las aventuras y desventuras de una americana inconformista, trabajadora y rica no terminaban de ajustarse a lo que suele engancharme a la hora de leer. El libro se vuelve interesante a partir de la aparición de Kevin, su retoño.
La mujer no tiene instinto maternal, no acepta las renuncias que la maternidad trae. Es madre por compromiso de pareja más que por propio deseo. El tal Kevin es un mal bicho, desde la cuna. El retrato perfecto y extremo de lo que en otra entrada yo llamaba “un cabrón natural”.
¿Esto, además de pasar en las novelas pasa en la vida real?
Ser madre exige renuncias y cambia la vida, impone aplazar los propios deseos para satisfacer los del crío. Hay algo instintivo que te hace comprender que el crío sin tu atención y cuidado está perdido. La naturaleza te predispone a ello, la naturaleza y otras muchas presiones.
Siempre ha habido madres de toda naturaleza, buenas y malas, agradables, cariñosas, interesadas, manipuladoras la tarea de la maternidad estaba en relación a la naturaleza humana de las mujeres. Nadie cuestionaba, ni siquiera las propias mujeres, que su destino natural consistía en atender a sus retoños, sin cuestionar nada, un estado natural para nosotras, que, al fin y al cabo, somos las que nos quedamos preñadas.
Los tiempos cambian que es una barbaridad y hemos llegado a la liberación de la mujer a través del trabajo. ¡Viva la revolución! ¡Viva la liberación feminista!
¡VIVA, VIVA!
¿VIVA?¿VIVA?
Pues como que no. Esto tiene pinta de ser el mayor fraude de la historia. Convencer a una parte de la humanidad, muy grande, de que siga cumpliendo con el trabajo doméstico (organizar la casa, criar a los críos y los viejos, ¡nuestra condición natural! ), sumar a ello el trabajo fuera de casa, llevar tacones (¡qué femenina eres, encanto!) y encima estar contentas porque nos hemos liberado, ¡trabajando!, parece una tomadura de pelo o es que somos de natural jilipollas.
Señoras, tenemos un problema.
Coda:
¿ a quién coño votamos?




