Italia en cien items ( del LXXI al LXXX) L´Umbría
LXXI. Montefalco, balcón sobre el monte, el monte, el monte. Vive del vino y el aceite. L´Umbria es campo puro y limpio, un damero de viña, oliveras, cereal, pulcramente compuesto. Los alojamientos rurales brotan como hongos de otoño y entendemos que este sistema completa la economía agrícola. Se ofrece un paisaje que en otoño es un esbozo de la explosión primaveral. Montefalco no sale en las guías y damos antes de salir hacia la Toscana.
LXXII. Momias en Montefalco. Sube la cuesta, Lolica, que llegaremos a algún sitio. En la iglesia de Santa Clara, después de ver un fresco de “La matanza de los inocentes” (habremos visto unas quince versiones distintas del mismo), nos cruzamos con L´Españolo y con Santa Clara de Montefalco, ambos encerrados en urnas de cristal. Ella, si santa milagro habrá a sus espaldas oculta tras sus ropas. L´ españolo recostado con la espalda encorvada reposa, no se le conocen milagros, su mayor mérito es haberse transformado en cuero sobre hueso. La leyenda dice que apareció muerto una mañana en la calle. No es de extrañar que esté tan bien conservado, en Montefalco hace frío seco y así cualquiera.
LXXIII. La iglesia museo de San Francisco es un laberinto medieval, renacentista, barroco. En el sótano se mantiene la instalación vinícola de los franciscanos: vino sagrantino. Traducimos sin esfuerzo, el italiano cada vez se nos da mejor, la normativa municipal que regía la producción vinícola desde la edad media. En este trance, alguien pega la hebra con nosotros para vendernos la moto de que el vino de Montefalco es mejor que Rioja y Ribera de Duero (mi favorito se admiten regalos) cosa que está por comprobar.
LXXIV. Para resolver la diatriba nos compramos una docena de botellas de vino de Montefalco de precio medio. Aún seguimos contrastando la calidad con el Ribera, y sigo prefiriendo el del Duero (Vivan los productos nacionales). Medio litro de aceite de Montefalco: siete euros. Buenísimo, la boca llena de olivas.
LXXV. La Toscana aparece en muchas novelas y películas, fascina a los angloparlantes. Les alabo el gusto pero prefiero el paisaje de La Umbría. Toscana es más seca, más tosca. (perdón por el burdo juego de palabras). Mil curvas más allá encontramos Montepulciano, son las tres de la tarde y los restaurantes están cerrados. Tengo hambre, tengo mucha hambre. Dos intentos fallidos, a la tercera en “La cantina de Baco”, restaurante, tienda de vinos y embutidos nos dan de comer. Bruscetas (tostada) y pasta con tartufo. Saben a gloria, las chicas son muy amables.
LXXVI. Un grado en la calle. Queremos ver la plaza comunale y el duomo. Sube la cuesta. Casi de noche, nos encontramos una mesa de recogida de firmas de “Forza Italia” el partido de Berlusconi. Me excuso con la españolidad para no poner el garabato. Un día más tarde Belusconi se refunda a sí mismo después de algún lifting y otro reimplante capilar y muchos disgustos postelectorales. Yo nunca votaría a un político siliconado, reestirado.
LXXVII. El sol se aleja y se lleva grados. La plaza comunale es un espacio abierto donde nos encontramos con la catedral (cerrada), el museo de la ciudad (cerrado) y el ayuntamiento (cerrado). El vino es muy importante para Montepulciano y la cooperativa vinícola está abierta, no entramos, ya tenemos suficiente vino con el de Montefalco. No siento las orejas, ¡joder!, ¡qué frío!. Una ciudad de aspecto muy antiguo y pulcro. Esta ciudad, y otras muchas de la Toscana, muestran una vejez como la que yo deseo. Cumplir años y seguir estando muy vivo. La vejez de las casas no ha rendido a los vecinos, no hay decrepitud ni ruina, las casas se rehabilitan, se modernizan, se hacen cómodas. Reciclaje aplicado y muy rentable a la larga.
LXXVIII. Seguimos rumbo a Certaldo. De noche, de frío: hotel Certaldo. Nuevo, impecable, vacío y muy agradable. . A cinco minutos de la estación. Somos cinco clientes en el hotel. Te permiten desayunar hasta las doce de la mañana. ¡Qué comprensivos! Una chica muy joven nos recibe con una sonrisa alegre.
LXXIX. Certaldo es una ciudad en alto y bajo comunicada por un funicular. A medio camino de Florencia y Siena. Una hora en tren hasta Florencia, treinta y cinco minutos hasta Siena, trenes cada hora. Billete de ida y vuelta entre dos y tres euros.
Lo viejo de Certaldo está en lo alto, lo nuevo, construido en llano sobre cuadrícula, práctico orden para facilitar el tráfico y la industria.
LXXX. El tren llega puntual, a las diez de la mañana, rumbo a Siena. Animado el trenecico. Frente a nosotros un tipo que atiende unas diez llamadas de teléfono. La estación es un barullo inmenso. Buscamos un autobús que nos lleve a la plaza Garibaldi, casi en el centro. La relación de Garibaldi con las comunicaciones se repite, igual que en Nápoles. Recogemos la lista de autobuses que luego nos devuelva a la estación, una lista que no nos servirá de nada.



L´Espagnolo. Pobre momia.
Montepulciano, vista desde uno de sus balcones.
Certaldo alto a la luz de la escasa farola.