Feliz Navidad

Dada mi lentitud para terminar el viaje italiano, largo viaje, ¡vive dios!, os felicito la navidad, o más bien os felicito por estar vivos, que es lo importante ya que uno no sabe qué encontrará más allá de esto. Claro está que me ocupa el raro humor de los descreídos. Si tuviese un trabajo alejado de la infancia habría borrado el valor de estas fechas.
Ayer domingo 23 cantamos de nuevo en la iglesia de las Tres Avemarías de Totana. Entre otros muchos villancicos escuché, en dos versiones distintas, la “Suite de anuncios navideños”: Cocalola, la chispa de la vida, “El lobo”, ¡qué gran turrón” y otras melodías que han tomaron posesión del escenario y me dieron un golpecico en los morros la mar de desagradable. Y casi me da miedo concluir que ahora la navidad es eso, una gran comilona envuelta en papel de regalo.
No se me olvida el derroche de luces, el machacar de buenos deseos a plazo fijo y la gente que trabaja en los comerciales obligada a dos meses de villancico eterno, si Dante viviese pondría en uno de sus pisos infernales este castigo.
En fin, que descanséis y… Feliz Navidad.
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