Italia en cien items (del LXXXI al XC) Siena tostada
Miércoles, Diciembre 26th, 2007LXXXI. No os podéis imaginar lo que me gusta Siena, es uno de los lugares en que me podéis buscar si desaparezco. Animación seria en las calles, ciudad impoluta, silenciosa y bien cuidada. Es verdad que no he estado en el guirigay del Palio, seguramente en ese trance me parecería odiosa. Hay mucho turista en esta ciudad a pesar de la temporada baja, el frío y la lluvia. No quiero ni pensar cómo será esto en verano.
LXXXII. Según he leído por ahí, Siena ha sido siempre una ciudad industriosa, ha pesado en ella más la burguesía que la nobleza. Hace quince años estuve en aquí, en la piazza del Campo, con los chicos de mi colegio, dejó un recuerdo fantasioso porque esta plaza es más pequeña de lo que yo creía, y a pesar de eso me parece una de las plazas más originales que se puede ver: la inclinación del suelo, los edificios circundantes, la fuente de la loba… Cuando pintaba, algo que quizá vuelva a hacer algún día, tenía un color favorito, marrón vegetal sano, “siena tostada”. ¡Qué color!.
LXXXIII. El patio del palazzo Público está abierto a los visitantes, peces en fotos, exposición temporal. La mejor vista la encuentras mirando al cielo, el contraste de la torre y el azul gris de este día nublado. Chispea.
LXXXIV. Caminando hacia la catedral, entre otros turistas, entramos en la taverna del Capitano. Tomamos dos versiones de pasta y un estofado de ternera untuoso, aromatizado con hierbas que no puedo desglosar, muy rico. “Io parlo muy bien l´español” nos dice el camarero. Verdá de la Buena.
LXXXV. La catedral en restauración continua, andamios en el lateral derecho está ahí, más blanca que otra cosa auque combina distintos tonos de mármo, blanca de mármoles, serena por fuera, agitada de colores y piedras por dentro, es la mayor sorpresa de este viaje.
LXXXVI. El interior es oscuro, no por falta de luz que entra desde el techo generosamente insuficiente, esponjada por el negro mármol que combinado con blanco, viste las paredes, las columnas, el suelo. Los frescos, el púlpito, las linternas, los exvotos, la gente maravillada.
El suelo protegido en su mayor parte por cordones y planchas de madera de las pisadas de la avalancha de visitantes es una taracea de mármoles que representa escenas bíblicas y mitológicas. No hay un espacio vacío.
En la biblioteca frescos de vivos colores, esculturas y libros corales. Hay demasiada gente, nos obligan a recorrerla sobre un camino circular cerrado, tiovivo turístico.
En toda la catedral se repiten los cuadros y los frescos donde no hay un personaje predominante, el conjunto, la masa, la acción común es lo importante, quizá resultado del carácter burgués de esta ciudad.
LXXXVII. Como el cansancio se acumula decidimos volver temprano a Certaldo. Estamos ahítos de piedras después de la impresionante catedral. La singularidad de los transportes públicos italianos nos la vuelve a jugar, en plaza Garibaldi, allí donde hay una masa de gente con maleta nos apostamos y subimos al mismo autobús que cogimos por la mañana, y, nos la vuelven a jugar. El recorrido de ida no es el mismo que de vuelta y conseguimos de nuevo terminar el trayecto y quedar perdidos en un barrio del extrarradio sienés. ¡Mamma mía!
El conductor nos indica que atravesando el parque llegaremos a una parada del autobús X que nos llevará a la estación. Hombre amable castigado a descansar una hora en un descampado oscuro.
LXXXVII. Conseguimos subir a un tren regional, sólo dos vagones. Nuestro billete de ida y vuelta en el bolsillo. El revisor hace bajar del tren a un tipo con aspecto magrebí porque no ha ticado su billete. Nosotros tampoco lo hemos hecho y sus siguientes víctimas somos nosotros.
¡ Glupss!.
El trato es algo distinto, nos enseña un papelico en varios idiomas que advierte de la ilegalidad de no ticar los billetes, hace alarde de posible multa, pero al final todo queda en el rapapolvos. Un chico español en los asientos de enfrente nos explica, con cara de resignación porque él ha sido la anterior víctima, la utilidad de la norma: un billete de tren en Italia sirve para tres meses, tiene una fecha de compra y otra de utilización. Eso alienta la picaresca ya que algunos llevan un billete que usan y vuelven a usar. En fin.
LXXXVIII. Hemos acumulado una maleta de ropa sucia y otra de folletos y libros comprados amorosamente en cada museo e iglesia visitados. Mi biblioteca ha crecido. Bien.
LXXXIX. Tengo una duda razonable sobre cómo escribir este número romano correctamente, creo que incumple la norma de sólo tres letras iguales en cada número. ¿Alguien me aclara cómo se escribe?
XC. Santa María Novella es la estación de Florencia. Está muy cerca de todo, andando llegamos en quince minutos al mogollón, aún no son las diez de la mañana y las calles históricas están repletas de gente. Tenemos las entradas para la galería de los Uffizzi, comprarlas anticipadamente te evita una cola inmensa, tanto que en verano es posible que no tengas la opción de entrar al museo.
Mientras esperamos Seve pega la hebra con una señora americana, su english funciona.
Plaza del Campo.
Catedral de Siena, adosado el tradicional andamio.
Frescos de la biblioteca en la catedral.
Calcando el suelo.




