Italia en cien items (del XLI al L): Roma a la carrera.
Sábado, Diciembre 8th, 2007
XLI. Último día en Roma: date prisa que te dejarás muchas cosas en el tintero. La estación Términi es un barullo de gente aunque como es sábado el tráfico se ha aligerado. La zona de la estación Termini tiene mucho que ver y no hemos planificado casi nada. El mapa de Roma es nuestro guía y consejero. Controlemos los bolsos, las cámaras
XLII. Termas de Diocleciano: el reciclaje no es un invento de este siglo. Sobre la base de las termas se construyó la Basílica de los Siete Ãngeles y los mártires de Roma. Aposentada sobre los muros crece durante siglos hasta hace cuatro días en que le colocan unas puertas de bronce pero de indudable estética moderna, algo peliculera: Hombres crecen a partir de la madera, su cuerpo incompleto lucha por salir de la materia plana de la puerta.
XLIII. Museo nacional Romano: arqueológico almacén de inscripciones, esculturas, tumbas, urnas funerarias, herramientas y cerámicas. Todo a espaldas de las termas y rodeando un gran patio interior, grandes bestias tras los setos muestran sus cabezas de piedra. Foto, foto.
XLIV. Santa María de la Victoria, iglesia conventual, cerrada a partir de las doce de la mañana hasta las cuatro de la tarde. Como es la una nos volvemos hacia Termini y comemos en la Vieja Fazenda, una tavola calda popular y muy barata: Focacia, pizza simple (margarita), lasagna, tiramisú, cerveza Peroni.
XLV. San Pietro in Vincoli. O subes una cuesta como la Calle Ancha pero multiplicada por tres o un chorro de 74 escalones irregulares para llegar a ella. Está cerrada hasta las tres. Nos sentamos en el atrio y decidimos esperar una hora sentados en un roalico de sol, mis pies lo agradecen. Mucha gente llega y se va, otros se hacen como nosotros y esperan sentados en los bancos de madera. Abren antes de las tres.
XLV. Oscuridad manchada por chorros de luz que entra por las ventanas. Santo olor a cera, incienso y flores. Al fondo, a la derecha el sepulcro de Julio II simula un muro con urnas que acogen la escultura de los evangelistas y en el centro, con los pies en la tierra, sentado Moisés. Miguel Ãngel retrata un hombre fuerte, de dos metros de altura, tenso y sereno.
En el altar mayor, una urna contiene una cadena iluminada. Según entendemos, esta única cadena fue en su origen las dos que ataron al martirio a San Pedro y San Pablo, fundidas milagrosamente cuando se dejaron juntas. Ver para creer.
XLVI. Miles de pasos más allá, encontramos abierta por fin Santa Mª de la Victoria, , iglesia conventual de los Carmelitas Descalzos. Una iglesia barroca, pequeña, un cúmulo de adornos dorados, frescos, taracea de mármol en el suelo y ese presto cuidado que uno encuentra en todas las iglesias de Roma. En una capilla lateral está “El éxtasis de Santa Teresa” de Bernini. La santa aún sigue transida de amor (la mar de físico, oiga) mientras el ángel que la acompaña la mira de reojo con cara pícara y sostiene una flecha dorada en su mano derecha. .
XLVII. Entramos en la sacristía y comprendemos que esta iglesia es sólo un trozo pequeño comparada con lo que el convento guarda. Un fraile mayor, sentado tras una mesa sólida de roble guarda la tienda de souvenirs: libros, medallas, rosarios, aceite, caramelos, dulces. Compramos algunos libros y unos caramelos de cebada extraños. Los techos de la sacristía, altísimos, las paredes decoradas con cuadros ingenuos de batallones en orden cuadriculado.
XLVIII. Camina, camina Lola, que aún es de día. Mira, mira, el Coliseo, el arco de Trajano, la Domus Aúrea, Nerón tras los muros, unos que se casan, un motorista que se lanza sobre un coche y grita “mamma mía” ¿qué me has hecho?, molinea con los brazos, se tira del pelo, se porta como un italiano de película. La policía pone paz y después del teatro intercambian papeles del seguro.
Camina, camina, Lola, hasta la Plaza Barberini y vía Barberini y algunas callejuelas adyacentes nos llevan a la fontana de Trevi. El muro de mármol adosado a un edificio, entre cascadas y piscinas, es la casa de Neptuno y otros compañeros de vida acuática. ¿Dónde está Anita Ekberg? Es como encontrar a Walli entre las mil personas que ocupan las gradas entre murmullo de humanidad y agua.
IL. Sea vd tan amable. ¿Se puede apartar un poquito? ¡Ay, por favor, señora, coja al niño, intentamos hacer una foto. Gracias, gracias. Rogando, rogando, el japonés ha conseguido despejar un metro de la barandilla de la fontana y alguien, ¡flash!. Los turistas desplazados recuperan su espacio. Los japoneses de todas las edades ocupan Roma, suelen ir detrás de un paraguas, una banderola, un clavel. Son modernos, amables, sonrientes. ¿cómo alguien con tan pocas vacaciones puede tener esa cara de felicidad?
L. Muy cerca de la fontana entramos en la Galería Nazionale de L´Estampa. Además de máquinas antiguas usadas por los impresores, vemos una exposición de Giovanni Fattori, un pintor del siglo XX. La exposición versa sobre su obra impresa, sobre todo de carácter militar.
Después de este día creo que podré soportar cualquier otro esfuerzo. A dormir.
Restos de las termas de Diocleano, desde la calle. ¡Hay que ver lo que dura un ladrillo bien pegado.
Comida en la vieja Fazenda, con maña y un espejo robas imágenes.
Urna funeraria romana modelo “frutitas de otoño”.



