Gloria, gloria.
De nuevo apareció en nuestro camino el Gloria de Vivaldi. Una agradece la oportunidad de dar unos bocinazos sobre buena música.
Algunos músicos de Molinica han organizado un cambalache, la asociación Pro Música de Molinica, valga la redundancia, que pretende agrandar la afición de mis paisanos por la música de “calidad”.
Lo de la calidad musical es algo muy discutible por relativo, ya que lo buena o lo mala que una música nos parece depende mucho del gusto personal.
Me pillaron un poco sobrada porque cuando apareció la asociación, servidora ya era parte de Pro Música de Murcia y había comprado el abono sinfónico de esta temporada. Mucha música para este cuerpo si le echamos encima, además, la Pro Música molinense.
Se une a esto la terrible manía que le he cogido al Villa de Molina. No me gusta el teatro, sus condiciones para la música están limitadas por una instalación chapucera: ese aire acondicionado atronador, esos escalones de madera recrujientes unidos a la incontinencia urinaria de los molinenses, esos asientos ciegos y estrechos, ese escenario abierto pensado sólo para la microfonía lástima de perricas que se ha gastado el ayuntamiento saltando por encima de la perfección teatral.
El miércoles inauguran y ahí estaremos nosotros, bajo la batuta de nuestra Virginia, que sigue emocionándome en su buen hacer, en su sonrisa permanente, en sus mil recursos para guiar a esta bandada de pájaros sobre la mejor corriente de aire. A veces tengo que disimular una lágrima que se me escapa cuando saca la varita mágica y el mejor gesto bajo centelleantes ojos verdes y tira de nosotros, nos pone en nuestro lugar con un suave guante de seda.
Gloria, gloria, in excelsis deo.


Fotos de ensayo. Reflejos del coro y sopranos en acción. Graciosa cesión de Ambrosio.