Gloria, gloria (segunda parte)

 images.jpg

Gala de Pro Música “Molina” el diez de octubre. Ya hemos superado el evento, espero que con gracejo y eficacia. Nosotros cantamos a gusto dentro del sobreesfuerzo que es hacer gorgoritos en un teatro sin concha acústica. Las imperfecciones del Villa de Molina son incontables.

Como una es un punto ácrata, pude ver casi la primera parte pasando un poco de las indicaciones de los jefes, compré mi entrada (me volvió a tocar una de las famosas filas ciegas) y escuché, entreví detrás de recias cabezas parte del espectáculo.
Una, que es condescendiente, entiende que en un evento de esta naturaleza se dé cabida a todo sujeto relacionado con la música y que lleva más de cierta cantidad de años en marcha, a pesar del duro aprendizaje y los ensayos. Ensayar música es divertido, pero siempre dudo que ofrecer la propia diversión sin tener el cuenta el valor de lo ofrecido, es un poco injusto para el que escucha. Hubiera sacado del espectáculo a cierta orquesta que tiene a bien mostrar composiciones de paisanos que se recrean en lo que debería ser música de películas: música discreta, que resalta la imagen pero que sin ella es un peñazo como el Everest aunque ellos hacen música en plano, la expresividad no es lo suyo.
Hubo cosas bonitas y meritorias, bien trabajadas. El coro Xolo, sólo señoras, lució sus habilidades vocales sobre disonancias, gritos, susurros, expresión corporal y poesía: muy modernas ellas.
Paquico Cánovas es amigo, y como siempre se mostró como lo que es, un pianista ágil y versátil, la alegría de la huerta. Simón Millán ha evolucionado hacia un cantar dulce y expresivo, aunque lo haga en alemán, un idioma con mala fama.
Las bailarinas excelentes. La parte de danza se cubrió de dignidad y soltura. Las mujeres se esforzaron hasta el punto de quedar rendidas tras la tercera pieza y ahí estuvo lo mejor de la noche, un violinista sacado de la chistera,  desconocido,  y que ni aparece en el programa nos apabulla con su interpretación cirquense de algunas piezas de Sarasate, sale como relleno y descubrimos que es lo mejor de la tarta. Sorpresas, sorpresas te da la vida.
Un respiro bañado en cava puso el intermedio y con ello la imposibilidad de comprobar los avances hacia la música seria que hace Maxi, mi compañero de tablas. En capilla de escaleras hicimos antesala después de que Manolo diese vueltas a la forma más rápida de ocupar las gradas.
Vivir un concierto desde las gradas del coro tiene su peligro, que se lo pregunten a los hombres que juegan en equilibrio sobre el abismo trasero de las nuestras.
Nuestra Virginia, a pesar de las anginas y el agotamiento nos da, todas, todas las entradas. Y nosotros, hasta donde podemos y sabemos, le damos todo lo que entendemos nos pide. El mundo está lleno de coros espectaculares, maravillosos, que saben caminar como un hombre o una mujer solos, que hacen del conjunto y la unicidad una virtud, yo los he oído y los he visto.
Nosotros nunca llegaremos a esa perfección, pero lo cierto, es que tras el trabajo de desbaste que nos aplican Pilar y Manolo y el pulido de Virginia, brillamos y nos sentimos felices como canicas. Esa es la gracia.
Espero que “Promúsica” no me pida un óbolo por usar su anagrama, al fin y al cabo yo canté para ellos gratis.
Aún estoy esperando ver las fotos de los ensayos….

Leave a Reply