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II. Una merienda

Jueves, Octubre 18th, 2007

cucharita.jpg

 Cecilia sacó de la nevera un yogur para ella y dos para Carletes. Sacó dos viendo lo grande que era el dragón. Necesitaría algo más que ella para estar alimentado.
Al dragón se le hizo la boca agua y cogió con sus manitas los yogures, no esperó a que llegase la cuchara, los espachurró y se tragó el yogur. Soltó un eructo con olor ácido.
Cecilia venía con la cucharilla en la mano y así se quedó, tiesa y sorprendida.
—Parece que tienes hambre, animalillo le dijo mientras se sentaba en una silla a comer despacito su merienda.
— ¿Dónde guardas el zumo? preguntó Carletes me lo habías prometido.

—Ahí, en la alacena dijo Cecilia señalando un armario que había a su espalda sírvete tu mismo.

El dragón caminó con cuidado entre la mesa y las sillas de la cocina, mucho cuidado puso, pero con su corpacho movió la mesa de sitio y corrió todas las sillas, haciendo una ola de muebles. Cecilia escuchó el estruendo pero no hizo nada, tenía por costumbre no reñir a sus amigos.

Al abrir el armario Carletes vio una caja llena de cartones de zumo, chocolate, galletas y otras muchas cosas para comer. No lo pudo evitar, la boca se le hizo agua y pensó que se lo comería todo de una sentada. Empezó con los paquetes de zumo, cogió uno en cada mano. Debería haber buscado un vaso para beber, pero no, hizo un agujero con una uña afilada y se metió el paquete en la boca. Apretó fuerte y sintió un chorro de zumo de pera en la boca. “Muy rico” pensó. Y siguió con el segundo, el tercer, el cuarto, el quinto paquete. Amontonó los paquetes vacíos a su lado.
— Tú eres un tragaldabas escuchó a la princesa a su lado que había perdido la buena costumbre de no reñir a sus amigos visto el hambre dragonera de Carletes.
El dragón se sintió ofendido porque no entendía la palabra “tragaldabas” pero le pareció una palabra muy fea. Soltó un eructo ahumado con olor a pera y se puso a llorar.
—Quiero irme con mi mamá —lloró el dragón.  

Englihs Chamber Orchestra

Jueves, Octubre 18th, 2007

sara chang.jpgCansancios aparte, el inicio de este curso resulta especialmente duro, nos animamos al primer concierto del abono sinfónico.
http://www.auditoriomurcia.org/index.php?/auditorio/programaci_n_actual/programaci_n_2007_2008/ciclo_abono_07_08/english_chamber_orchestra

Hace unos días volví a escuchar los conciertos de Brandenburgo gracias a la mula.
Por casualidad llegó a mis manos una grabación de estos conciertos hace unos treinta años (no recuerdo si buena o mala) pero, en mis manías monotemáticas musicales, lo escuché durante dos años a diario, desde el 6ª de bachiller hasta el primer año de universidad. Entonces se murió el tocadiscos y no hubo forma de comprar otro, en esa época yo era aún más  pobre. Al mismo tiempo  tuve una profesora de lengua y literatura significativamente buena, Dña Pepa Díez de Revenga.

La encontré en la esquina del ascensor del auditorio. Ha cambiado poco. Le dije que la recordaba.
La casualidad quiso combinar su presencia con uno de los conciertos de Brandenburgo:  el número 3. Me gustó saludarla,  sus clases eran especialmente buenas. Yo ya era una lectora habitual,  pero ella puso cimientos y ganas para seguir leyendo.
Navegando,  encuentro una referencia sobre ella, ha escrito con otros un libro sobre la tradición de regalar caramelos en las procesiones murcianas, editado por el museo de la ciudad. Intentaré leerlo.
http://www.murcia-museociudad.org/publicaciones.html

Bach sigue siendo una obsesión. Dieron en el blanco con el programa de ayer. Al número Tres de Brandenburgo le faltó un punto de intensidad a ese equilibrio entre lo amargo y lo dulce que  siempre le he visto.

 Las estaciones de Vivaldi, interesantísimas porque la “Englihs Chamber Orchestra” se luce en los matices y contrastes, briosa, fogosa, ágil. Un gran grupo. Le hacía comentarios a mi “S” sobre las poesías que Vivaldi utilizó como referencia para su composición. No hace falta ser muy imaginativo para comprobar cómo estalla la tormenta, se deslizan los copos o cómo se arremolina la nieve. Eso lo he dibujado para un grupo de maestros de música con los que colaboré hace unos años. Sara Chang, la solista coreana, nos deja patidifusos cuando se presenta con un vestido según la más pura estética restaurante chino y toca como una salvaje postromántica. Gusta, sorprende, pero una no puede imaginar al violinista barroco recalentando su instrumento con tanta fuerza.
Hemos vuelto a encontrar a nuestros compañeros de concierto, los canosos escandalizables. A sus aspavientos automáticos a la tos y a los ruiditos  se ha unido una señora que, a voz en grito, le contaba a una amiga suya que había cambiado de sitio porque tenía una vecina que apestaba.  ¡ Qué indiscreción por ambas partes!
Foto sustraida del New York Times. El vestidico es el mismo de Murcia, no se observan aquí la pedrería, el rebrillo y las dos olas de rosa pavo que coloreaban la falda.