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Zompi RIP (cuento basado en hechos reales)

Sábado, Septiembre 22nd, 2007

En el fondo de su habitación estaba la jaula lila de Zompi. Por la mañana, antes de irse a clase, había estado el bicho paseando, dando botes por la casa, se había colado en la cesta de la ropa sucia y había roído unas bragas rosas de Begoñita. Ella las tiró a la basura para que su compañera  no se diera cuenta del desastre y recogió al conejo con mimo, cucamonas le hizo para que se sintiera feliz.
Zompi en la jaula comió unas briznas de heno y soltó una meadita. Después se durmió. Elena se fue a clase.
Volvió a casa a las ocho. La mochila lanzada a rodeón sobre la cama. Zompi aún dormía, cosa extraña. No es que le pusiese a la vida la atareada alegría de un perro, pero al menos removerse en la jaula, sí, eso lo hacía a diario. Un mal presentimiento le pasó por la cabeza cuando movió la jaula con la punta del zapato y el conejo se estuvo muy quieto. Pánico y nervios.
—Mamá, mamá, que el Zompi no se mueve el móvil era el remedio y la solución al problema porque Begoña, que podría echar una mano, aún no había  vuelto de clase Que no se mueve insistió gritando.
— Elena, ¿qué te pasa? ¿Qué dices? No te entiendo. ¿Quién no se mueve?

Me pilló fuera de juego, y no había forma de pillar el mensaje entre hipos y gritos.
—Que no se mueve, te digo, eres tonta, no entiendes nada- me grita llorando.
—No te sulfures, y dime qué pasa. ¿A quién le pasa? ¿Al conejo? Acércate y tócalo. Quizá esté malo le digo.

—¿Cómo lo voy a tocar si igual está muerto?

—No seas pava, y tócalo. le digo impaciente y sin entender tanta aceleración dramática-  Tendrás que comprobar si está muerto o si está malo. Si no lo tocas no lo puedes ayudar.
—No puedo, no puedo tocarlo. ¿Pero cómo voy a tocarlo si está muerto?

La imagino remordiéndose las uñas, con los nervios chirriando, gritando para conjurar el disgusto que tiene.
—Precisamente por eso, un muerto no es peligroso.

Me dejó con la palabra en la boca y colgó.
Final:
Pinchar al conejo con un tenedor para comprobar si estaba vivo o muerto no fue una idea caritativa, pero era lo que haría con él si fuera el que su abuela le ponía en paella siempre que la invitaba a comer.
Hay costumbres que no se pierden.

Enterrarlo al pie de un árbol en una calle céntrica de Madrid no es una idea muy acertada desde el punto de vista sanitario, pero Zompi seguro que se merecía ese honor.
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