Archive for Septiembre, 2007

Urbanismo sanitario

Domingo, Septiembre 23rd, 2007

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El dolor de espalda me llevó al médico y, en un alarde de originalidad me recetó paseos acelerados por las calles de Molinica del Señor.
Una, que es disciplinada, lo cumple a pies juntillas con unos zapatos  cómodos, música para poner banda sonora y ánimo para aguantar los sudores.
He comprobado que sea dolor de espalda, diabetes, problemas cardiacos, sobrepeso, rinitis o conjuntivitis la receta inicial es siempre la misma: “poco plato y abundante suela de zapato”.

Poniendo mucha voluntad te lanzas a la calle e intentas estirar el cuello y levantar la cabeza, para ponerle garbo a la marcha, y medio kilómetro más tarde compruebas que no escuchas la música porque los ruidos del tráfico te lo impiden. Y debes caminar  mirando  porque las señales de tráfico, las farolas, las papeleras y los pivotes contra los malos aparcadores están en medio de tu camino y tienes que andar esquivando mobiliario urbano. Con un poco de suerte hasta pisas una mierda de perro, ya se sabe que es una especie de conjuro para que te toque la lotería, de ahí la suerte.
A mal tiempo buena cara y piensas que sería peor si llevaras el carrito de la compra, si fueras madre y empujaras un carrito de bebé o si abrieras paraguas.
 Podríamos entender la política del ayuntamiento como una muestra de poco cariño hacia los peatones y la guarrería de los propietarios de perro como una falta de respeto, pero una es reflexiva y sabe que todo responde a una meditada cuestión sanitaria: caminar te pone en forma, caminar y estar muy atento a los obstáculos del camino, anticipar su aparición y esquivarlos mantiene alerta el cerebro y te pone a salvo del alzheimer.
¡Lo que no piensen ellos!

 

Zompi RIP (cuento basado en hechos reales)

Sábado, Septiembre 22nd, 2007

En el fondo de su habitación estaba la jaula lila de Zompi. Por la mañana, antes de irse a clase, había estado el bicho paseando, dando botes por la casa, se había colado en la cesta de la ropa sucia y había roído unas bragas rosas de Begoñita. Ella las tiró a la basura para que su compañera  no se diera cuenta del desastre y recogió al conejo con mimo, cucamonas le hizo para que se sintiera feliz.
Zompi en la jaula comió unas briznas de heno y soltó una meadita. Después se durmió. Elena se fue a clase.
Volvió a casa a las ocho. La mochila lanzada a rodeón sobre la cama. Zompi aún dormía, cosa extraña. No es que le pusiese a la vida la atareada alegría de un perro, pero al menos removerse en la jaula, sí, eso lo hacía a diario. Un mal presentimiento le pasó por la cabeza cuando movió la jaula con la punta del zapato y el conejo se estuvo muy quieto. Pánico y nervios.
—Mamá, mamá, que el Zompi no se mueve el móvil era el remedio y la solución al problema porque Begoña, que podría echar una mano, aún no había  vuelto de clase Que no se mueve insistió gritando.
— Elena, ¿qué te pasa? ¿Qué dices? No te entiendo. ¿Quién no se mueve?

Me pilló fuera de juego, y no había forma de pillar el mensaje entre hipos y gritos.
—Que no se mueve, te digo, eres tonta, no entiendes nada- me grita llorando.
—No te sulfures, y dime qué pasa. ¿A quién le pasa? ¿Al conejo? Acércate y tócalo. Quizá esté malo le digo.

—¿Cómo lo voy a tocar si igual está muerto?

—No seas pava, y tócalo. le digo impaciente y sin entender tanta aceleración dramática-  Tendrás que comprobar si está muerto o si está malo. Si no lo tocas no lo puedes ayudar.
—No puedo, no puedo tocarlo. ¿Pero cómo voy a tocarlo si está muerto?

La imagino remordiéndose las uñas, con los nervios chirriando, gritando para conjurar el disgusto que tiene.
—Precisamente por eso, un muerto no es peligroso.

Me dejó con la palabra en la boca y colgó.
Final:
Pinchar al conejo con un tenedor para comprobar si estaba vivo o muerto no fue una idea caritativa, pero era lo que haría con él si fuera el que su abuela le ponía en paella siempre que la invitaba a comer.
Hay costumbres que no se pierden.

Enterrarlo al pie de un árbol en una calle céntrica de Madrid no es una idea muy acertada desde el punto de vista sanitario, pero Zompi seguro que se merecía ese honor.
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I. Cecilia y Carletes

Jueves, Septiembre 13th, 2007

dragon.gifEl dragón y la princesa

Una vez un dragón sin dientes visitó a una princesa estudiosa y caprichosa. No tenía intención de hincarle el diente porque era vegetariano.
El dragón, desde pequeñito se había negado a usar cepillo y dentífrico. Tuvo muchas caries y dolores de muelas. Su madre, viendo cómo sufría y lo mal que le olía la boca,  quiso llevarlo al dentista para que le hiciese unos arreglos, pero todos, en cuanto los veían entrar en la consulta se escondían o salían huyendo, dejándolos con la palabra en la boca. Los dentistas no han estudiado para curar bocas dragoneras o son cobardes, no se sabe.
Carletes, que así se llamaba el dragón cumplió nueve años con una boca blandita como una esponja, no podía masticar nada y su madre lo fue acostumbrando con paciencia al gazpacho, el puré de verduras y otras delicias vegetales que podía tomar a cucharones o con pajita, según el hambre que tenía.
La princesa Cecilia, una niña caprichosa y coqueta paseaba a diario bajo las muros de su castillo. Su padre le había advertido del peligro que corre toda princesa descuidada, pero ella, cabezota y desobediente se cogía las muñecas y se sentaba bajo las piedras de la muralla. En cuanto su padre le decía que tuviese cuidado montaba una rabieta, chillaba y pataleaba y al final se salía con la suya.
Una tarde de septiembre, cuando no tenía institutriz por la tarde, estaba sentada enseñando a las muñecas cómo hacer las restas con llevadas cuando el sol se oscureció, como si una nube con prisa se hubiese puesto en medio. No había nube, era un dragón de setecientos kilos, grande como una furgoneta sin contar la cola. A Cecilia se le pusieron las coletas de punta y le dio de pronto mucha gana de hacer pipí, cosa del miedo espantoso que le produjo la visita de Carletes. Le dio un mareo y cayó redonda entre las muñecas despatarradas.
Carletes no entendía nada, porque él se veía como un ser muy normal, incluso guapo.
—Niña, niña le decía tocándole la carita con el dedo índice de la mano derecha, intentando despertarla- que no es hora de dormir.
Su dedo, gordo y terminado en una tremenda uña le hacía una marca roja en la cara cada vez que la acariciaba, y es que los dragones no tienen conciencia de su fuerza ni del filo de sus garras. Le sopló suavemente, controlando su fuego, echando una nube de ceniza que tiznó la cara de Cecilia.
—Niña, niña, niña, niña dijo mil veces.
Cecilia oía en sueños el vozarrón del dragón y no sabía si abrir los ojos o quedarse así para siempre, tenía miedo y al tiempo iba pensando que si aquel bicho no se la había comido sería por algo, que su padre se iba a poner hecho un demonio por llegar tarde a castillo y que necesitaba merendar. Tantas emociones le habían dado hambre.
Abrió un ojo rápido, como si muelle tuviese en párpado y lo que vio le recordó al dragón de peluche  que tenía en su cuarto e inmediatamente dejó de lado su miedo y dijo:
—Te invito a merendar. Hay zumo de pera y unos yogures.
Carletes pensó que había ganado una amiga y la princesa que si el dragón comía yogures no comería niñas.
Cecilia lo cogió de la zarpa y se lo llevó despacio hacia el castillo  escuchando el plof, plof, plof que hacía la cola sobre el camino.
Lo siento, pero el dibujico está fusilado de la página de un ilustrador.

Ya estamos todos

Jueves, Septiembre 6th, 2007

1.      Hemos vuelto a volver, es decir, las vacaciones se fueron al garete. 

2.     Las fiestas de Bilbao no fueron… por la insistencia de la lluvia y  el frío. Pero, en Bilbao,  siguen reinventando la tortilla rellena.

 3.     En Villarcayo (Burgos) en pleno mes de agosto es ( a veces) necesaria la calefacción.
4.     Los sobaos burgaleses están de muerte, tienen tanta mantequilla que el colesterol se va por las nubes. 5.     Conducir de forma orientada por Madrid no es lo mío a pesar de eso he tenido la santa paciencia de volver yo solita desde Burgos a Murcia sin incidentes.
6.     Se termina el verano y el próximo martes volvemos a los churumbeles. Mi aula parece un huevo frito al revés.
7.     Creo que voy a corregir los últimos exámenes de septiembre de mi vida. ¡Olé!

8.     Las vacaciones son un invento del demonio porque siempre se terminan.
9.     Estrenamos cole después de 25 años en el mismo edificio y yo he vuelto a suspender el cuarto de primaria. Vuelta a empezar, otra vez tercero

10.           Música: Se ha muerto Pavarotti y no lo siento. Me parece el prototipo del tenor furibundo y odioso (   La de cal )     Me he enterado que en octubre cantamos el Gloria de Don Antonio Vivaldi: ¡Que gustazo! (La de arena)El chiste, como es evidente, está recogido por ahí, buscando imágenes. ¿Será esto un signo
del avance de la didáctica?  chiste_aula_virtual.jpg