Lección 6: La procesión turística y sus penitencias.
Es fácil decir sobre la acrópolis que es impresionante, cosa cierta, pero incluye algunas pruebas para la fe del visitante.
Corre viento continuamente que mueve remolinos de polvo y comprobamos cómo, a pesar de los 35 grados y la polvareda, se congrega allí la romería en honor San Turista del Vuelo Barato. Los romeros, en fila de cuatro, pasito a pasito, pacientes, llegamos a la explanada que reúne el Erectión, el Partenón y otros edificios singulares (soy incapaz de recordar tanto nombre). Una avalancha humana recorre los pasillos bajo el control estricto de vigilantes armados de pito que dejan en evidencia a los ágiles espontáneos que intentan saltarse la cola escalando fuera de los caminos marcados.
Una procesión a veces es la oportunidad del pecador para hacer penitencia: llagas, rozaduras, ampollas, quemaduras solares, insolaciones son los más habituales actos de contrición del creyente de San Turista. Yo suscribí dos hermosas ampollas en las plantas de mis pies, muestra de lo fácil que es ver un cielo estrellado si uno tiene la suficiente fe.
