Bilbao
Dado nuestro natural viajero, volvemos a salir Elenita y servidora, esta vez a las fiestas de Bilbao que tienen mucho encanto y pedigrí.
Visto lo visto, da un poco de miedo ya que parece que en las fiestas del país Vasco se incluye, además de la programación habitual, unos cuantos actos violento festivos con motivo de la exaltación de los valores patrios del lugar que forman la programación festiva B o en negro (tiznado de cóctel Molotov).
Según Odón Elorza, esto es cosa de catorce gamberretes consentidos y conocidos por las fuerzas del orden, es decir el PNV.
¿Y esto nos lo dice ahora? Si fuese así, tan sencillo, quizá la solución estaría en pillarlos, darles una reprimenda y ponerlos a limpiar con la lengua los rincones de los meones tras al final de las fiestas.
Ramiro Pinilla describe en cientos de miles de palabras y con mucha retranca el intríngulis del alma vasca, es imposible resumir en pocas palabras algo tan intrincado y raro.
Como de momento sólo he leído 1.200 páginas aún no se ha desentrañado la teoría que explique cómo desde un ser de buena naturaleza (el vasco), pero firme en la creencia de ser un elegido de la creación se llega a un individuo con pistola que no duda en joder la vida de cualquier vecino a favor de un recuerdo triste de teórica superioridad. Espero, tras otras 1200 páginas, entender la lógica del asunto.
Es nuestro segundo viaje a Bilbao en fiesta. Del primer viaje tengo un buen recuerdo del ambientazo en las calles, un regalo para los ojos y los sentidos, los cientos de espontáneos que se lanzan al teatro y el circo en cada rincón, el concurso internacional de fuegos artificiales que fue capaz de reconciliarme con tracas y cohetes (algo que odio especialmente) y el subidón de adrenalina que supone cruzar puentes de noche no siendo consciente de si tocas el suelo con los pies o te llevan en volandas entre un millar de personas que han pensado hacer lo mismo que tú. En fin, para verlo y vivirlo: Bilbao, Bilbao.
http://es.wikipedia.org/wiki/Semana_Grande_de_Bilbao