Lección 4: ¡Taxiiiii!

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En Atenas hay una plaga de taxis y de motos agresivas. El tráfico es terrible y anárquico, el ruido es bestial.

 

 El color amarillo huevo sobresale sobre los tonos de los demás coches. Que sean tantos, los taxis,  no es síntoma de que sea fácil tomar uno: el taxista ateniense tiene claro su derecho a la recogida selectiva del cliente. Es más, incluso promueve el acuerdo entre varios clientes para llevarlos a todos al tiempo y cobrarles a cada uno su propia carrera.

 

La guía Lonely Planet advertía del inhóspito natural del taxista ateniense y lo pudimos comprobar: con el taxi parado, la pierna derecha en gesto de subir al vehículo y éste, tras lúcida reflexión, sale huyendo y te deja ante la cruda realidad de tus agujetas y tus ampollas y valorando qué te duele más, ¿ la moral o los pies?
 

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