Museo arqueológico de Murcia o cómo almacenar cacharrería antigua con cierto orden
Piedras viejas
A vueltas con la vejez, Murcia vuelve a tener museo arqueológico. Al menos yo soy consciente de ello desde el sábado 5 de mayo.
He olvidado cuándo cerraron la antigua biblioteca regional - museo arqueológico de mi juventud. Las obras se han hecho eternas, quizá porque no sabían cómo hacerlo, un andamio en medio del tontódromo era ya elemento natural.
El sábado de excursión por Murcia nos lleva a ver la exposición de Pompeya y de paso todo lo demás.

Ocurrencias varias:
Como había pocos bares en Murcia le han colocado una terraza en la que tomar aperitivos en el antiguo jardín, transformado ahora en un patio enlosado. Es lo primeriquio que ves.
El contenido es parcialmente rico, los murcianos somos muy antiguos y fuimos dejando restos arqueológicos por los rincones del territorio. Puedes encontrar desde un cuchillo de piedra rústica hasta un delicado frasco de vidrio romano y eso emociona.
Los murcianos somos muy antiguos pero tenemos siempre la pulsión de usar de forma práctica todo lo que tenemos a mano, lo cual supone la mala conservación de restos arqueológicos. A pesar de eso, la costumbre de enterrar a la gente con parte de su ajuar ha puesto a salvo mucha cerámica, vidrio y herramientas.
Esta costumbre se ha perdido, ahora no es muy elegante que te entierren con las sartenes de teflón y la olla expres. Esto, a la larga, repercutirá en el avance de la arqueología.
No es cosa de juzgar a nadie y el sentido práctico en la vida es el más práctico de los sentidos. A mí empeñarse en transformar en museo toda piedra de más de cien años que se encuentre me parece una solución que nos puede llevar al extremo de urbanizar todo terreno exento de ladrillo o resto de yeso.
Es muy interesante la demostración del uso de las herramientas del neolítico. Un hacha de piedra corta, raja, tritura las películas muestran la forma de hacerlo en un corto que contemplas con el agradecimiento del que dice, “era esto” y sale de una duda trascendental.
Lo didáctico mueve al organizador del museo. Lo interactivo, juego, animación, simulación, te saca del irremediable aburrimiento de ver tanta cacharrería histórica. Los expositores murales de estratos arqueológicos explican muy bien cómo se acumulan los restos que vamos dejando y qué es lo que se tapa cada vez que se abre un pozo de cimientos en lugares significados de Murcia.
Horrorosa la ambientación en gris y negro de la escalera y el lucernario. Uno nunca pierde la sensación de estar en una cueva oscura.
Impresiona ver los restos de lava pegados a algunas de las piezas traídas de Pompeya y lo muy perfeccionistas que eran los romanos.
Nota adicional:
En sondeo a mis alumnos de cuarto sobre el tema de su futura profesión, tres de treinta quieren ser arqueólogos, lo cual no deja de ser inquietante sumado a los seis que quieren ser veterinarios.
Los perritos estarán muy sanos, las piedras históricas conservadas en formol y limpias de polvo y paja con amorosos plumeros pero los viejos nos podremos poner a remojo porque no habrá quién nos cuide ni un poquitín.
¡Qué futuro nos espera!