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Estética de la faja.

Lunes, Mayo 7th, 2007

Ya he dejado el Respibien. Hay gente que respira mal porque es asmática, porque está resfriada o porque nos complicamos la vida sin necesidad, dejándonos llevar por lo que la opinión pública y la moda impone como generalmente apetecible y deseable. La vida debería ser sencilla.
Mi madre habitualmente respiraba mal porque llevaba faja, una prenda interior que en sus primeros momentos era un armazón de tela, ballenas, raso y un cordón que apretaba hasta cortar la respiración.
Cuando pasaron los años vino “Soras” fajas para señoras,  un elástico de cuarenta centímetros que le enfundaba el abdomen junto con el sostén de espaldilla. De joven mi madre respiraba mal porque su armazón la constreñía y,  de mayor,  mi madre no sabía caminar ni vivir sin su armazón, se ahogaba sin sus muletas de corsetería porque gracias a ellas us músculos abdominales se habían  vuelto inútiles.  Algo parecido a lo de las mujeres jirafa pero en barriga española.
 

Aunque la tele se empeña en meternos por los ojos chicos de músculo marcado sin haber cogido una azada en su vida y chicas escuálidas, pajizas y rebozadas en maquillaje gotelé como el ideal de la belleza, el  mundo real no es así, los zagales están fondones y tienen rollos y las chicas suelen ser escurridas de teta, angulosas, tienen granos  y se maquillan fatal.
 

La Cuatro en su programa “Desnudas” lanza una traca en homenaje a las chicas que no se ajustan a este mundo de talla 36, 38 y eso me parece bien.
Pero, recordando a mi madre y sus fajas, se me revuelven las tripas cuando los veo echar mano de la fajita que todo lo sitúa en su sitio y lo disimula, el vestidito que todo lo ajusta al canon y los tacones que lo realzan. La capa de gotelé en la cara, el tinte y los gestos  muy, muy, muy  femeninos de las chicas y del presentador que las acompaña.
Un vestidito es una prenda incómoda para trabajar, los tacones son un martirio y los maquillajes fastidian la piel.
Desnudas me recuerda el argumento que usaba mi madre y las de su generación para promover el uso de una faja bien apretá para ser decentes. Volver a la faja o pasar por el cambio radical cortándose  unas cuantas rodajas del cuerpo para parecerse a las mujeres de la tele  debería estar prohibido.
Limitar nuestro conocimiento de las personas a lo que nos entra por los ojos es renunciar a mucho conocimiento. La humanidad que se ve por la calle no es hermosa porque no se ajusta a los cánones que dictan las personas que trajinan la realidad a través de la televisión, el cine y las revistas del corazón.
 Una persona se llena de belleza o la pierde cuando la tratas, cuando la tienes tan cerca que la hueles o cuando hablas con ella, notas cómo respira y un poco después como piensa. Como decían los curas de mi infancia “la verdadera belleza está en el interior”.

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